lunes, 7 de septiembre de 2015

UNA POLÍTICA DIGNA PARA LOS REFUGIADOS

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DENUNCIA UNA VEZ MÁS LA SITUACIONDE LOS REFUGIADOS

Hay en el mundo un país que aún no conocemos.  El país de los refugiados lo habitan hoy más de 51 millones de personas. Tiene más habitantes que nuestro país. Y su población crece cada día. Cada cuatro segundos, una persona se convierte en refugiada.La guerra que no cesa, las  violaciones de derechos humanos y catástrofes naturales les obligan a huir de sus hogares.El desplazamiento del Sur al Norte en las actuales circunstancias es inevitable,No valen las alambradas, ni los muros, ni las deportaciones. Vendrán millones. La UE será conquistada por los hambrientos.

La Europa democrática es la que sostiene policías, militares, paramilitares y parapoliciales que golpean, torturan, encarcelan, para expulsar a los inmigrantes de estos países. Quieren conservar sus privilegios, desterrando, a miles de migrantes que huyen de las hambrunas y de las guerras que provocan precisamente los gobiernos europeos.

Los factores de desplazamiento están aumentando o sumando nuevas razones. La clásica migración económica persiste, porque a pesar de la crisis europea existe un abismo comparativo entre los países todavía aventajados –aunque estén estancados- y los empobrecidos. Pero a esta causa anterior se le suman las consecuencias de la migración ocasionada por los brutales conflictos militares y de violencia étnica y política que se están produciendo en derredor al mundo occidental. Mayormente, provocados por nuestros gobiernos. 

El estallido de grandes intervenciones militares occidentales en Oriente medio y próximo, y la respuesta de las propias oligarquías para el control político y religioso de la población, que han engendrado nuevos monstruos  reaccionarios  como  el  Estado  Islámico, o conflictos políticos que en su día auparon primaveras de cambio –y que han sido mayormente reprimidas- como pudimos ver en el Norte de África, están desplazando, en una huida desesperada, a cientos y cientos de miles de personas que tratan de esquivar la muerte. 

No obstante, en el futuro van a producirse nuevas causas que debemos prever, la migración ecológica. El desastre del modelo productivo global, basado en un crecimiento que desbordó desde los años 80 el límite de carga del planeta, y también en las energías fósiles y sus consecuencias en el calentamiento global, va a ocasionar en los próximos años y décadas nuevas carestías y conflictos de gran profundidad y crisis civilizatoria. Se trata de un inquietante cataclismo humano.

La pobreza causada por la explotación del Sur por el Norte se verá agudizada porque cada vez más los territorios tendrán menos agua dulce, menos fertilidad y más caos climático y contaminación. Quizá el mapa global se modifique, porque los espacios habitables se reducirán y podrán cambiar de referencia geográfica, y la pugna por ellos abrirán nuevos desplazamientos humanos y grandes tensiones, en los que la violencia, la enfermedad y la muerte engendrarán éxodos, choques y encontronazos cada vez más frecuentes.

Para que no siga adelante la crueldad de la Europa democrática en el recibimiento de las personas refugiadas, ha de apostar por unas políticas migratorias que garanticen que ninguna persona se desplace de su comunidad de origen por razones forzadas, sean económicas, políticas, culturales, religiosas, militares o ecológicas. Para ello debemos tomar consciencia que lo primero que habría que realizar es una política que permita desarrollarse en libertad a los pueblos del Sur –en todos los sures del planeta-, quitarles primero el pie del cuello, dejarles de explotar y arrebatarles sus recursos. 
En segundo lugar, modificar el sistema de relaciones de producción, que acabe con un modelo productivo ecológica y socialmente insostenible. Todo esto no se puede hacer de golpe y porrazo, se hará a pasos, pasos más cortos o más largos, pero que tendrán que tener claro el horizonte hacia el que se mueve. Porque la humanidad también se mueve, y ha de hacerlo hacia el futuro, y no hacia atrás ni necesariamente al lado

Publicado por José Ramón Montes González 

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