lunes, 26 de septiembre de 2016

Entrevista a François Houtart, sociólogo y teólogo. "El bien común de la humanidad como matriz de la nueva sociedad"



François Houtart



Cira Pascual Marquina
PolítiK

Esta conversación con el sociólogo y teólogo de la liberación François Houtart, que apareció por primera vez en el número 17 del mensuario PolítiK, explora los límites de los procesos de cambio en América Latina y el concepto de bien común de la humanidad.
-Cira Pascual Marquina (CPM): En el libro Más allá de la economía, el bien común de la humanidad (2013), planteas que para asegurar la continuidad de la humanidad y de la vida en el planeta hay que construir un nuevo paradigma en el que el bien común esté por encima del bien individual. ¿Podrías explicar el concepto de “bien común de la humanidad”?

-François Houtart (FH): El concepto de bien común de la humanidad tiene varias dimensiones. La primera es la dimensión de lo que se llaman los comunes o en inglés the commons: los bienes que no son individuales sino comunes, por ejemplo la tierra antes del capitalismo y hoy en día los servicios públicos. Hay muchas luchas en el mundo para proteger, recuperar o aumentar la dimensión de los bienes públicos. Ahora tenemos como bienes públicos la educación, la salud, pero también el agua, la comunicación, etc. Este es un primer nivel de lo que podemos llamar el bien común de la humanidad.

Sin embargo hay un segundo nivel, y el segundo nivel es el concepto clásico del bien común: cosas que le pertenecen al conjunto de la sociedad y que no pueden ser propiedad de individuos como, por ejemplo, en una ciudad, los parques o los espacios verdes, etc. Eso es un bien común. Pero hay sectores que no son directamente materiales, que son más bien de tipo jurídico, por ejemplo el código de circulación (si no se organiza, es el caos). En verdad este es un concepto que existe ya desde la filosofía griega, en particular Aristóteles, que reconoce que hay espacios en la vida colectiva que son espacios comunes, de bien común, y esta fue la base sobre la que la iglesia católica construyó su doctrina social.

Pero pienso que debemos ir un poco más allá y por eso he hablado del bien común de la humanidad: un principio de organización de la vida colectiva de la humanidad en el planeta que se base sobre la vida y no sobre la muerte... así este concepto se opone al concepto fundamental del sistema capitalista. Y cuando digo que el nuevo paradigma se basa sobre la vida, esto implica la posibilidad de crear, de conservar, de mejorar la propia vida –la vida en su sentido completo, no solamente la vida física, biológica, sino también la vida cultural, la vida espiritual–. Y no solamente construir en función de la vida de los seres humanos, sino también de otros géneros: los animales, las plantas, etc. Lo que se llama hoy el derecho de la naturaleza.

Este concepto es más amplio que el concepto de los comunes y que el concepto del bien común, pero integra estos dos conceptos. Este concepto que he llamado el bien común de la humanidad, es evidentemente un nombre; no importa el nombre, lo que importa es el contenido. Podemos darle otros nombres, por ejemplo el sumak kawsay que es el buen vivir, el concepto de los indígenas andinos, o podemos llamarlo socialismo del siglo XXI.

-CPM: En el libro que mencioné anteriormente enumeras cuatro elementos clave para aterrizar el concepto del bien común de la humanidad; podríamos decir que estos elementos son una especie de hoja de ruta para organizar la tarea colectiva en cuanto a la definición de la nueva sociedad postcapitalista. ¿Puedes explicárnoslos?

-FH: Sí, debemos concretar las cosas porque todo esto puede parecer algo abstracto. Precisamente he tratado de ver, como sociólogo, qué significa esto en la práctica de la vida colectiva humana. Por eso he tomado cuatro realidades fundamentales de toda sociedad, que son, por una parte la relación con la naturaleza, ya que ninguna sociedad puede vivir sin la naturaleza; después la producción material de la vida, porque la vida no es una abstracción y sin producción material no hay vida; la organización social de la vida, que debe ser colectiva en lo social y en lo político; y finalmente la cultura, porque el género humano es el único que puede reflexionar sobre su propia realidad y eventualmente anticipar el futuro, y que es, como dicen los mayas, “la parte consciente de la naturaleza”.

Reflexionando sobre estos cuatro elementos fundamentales de toda sociedad podemos entrar en detalles, especialmente comparando con la situación actual del sistema capitalista. Por ejemplo, en cuanto a las relaciones con la naturaleza: ¿cómo ve el capitalismo la naturaleza? Para el capitalismo la naturaleza es recursos naturales, es decir, una naturaleza que se debe explotar, y explotar en función de los intereses del capital y de la acumulación del capital. Por el contrario, en lo que se refiere a la nueva organización del bien común de la humanidad, la naturaleza debe ser respetada: es la fuente de toda vida, de la vida física, biológica, cultural, espiritual, y en este sentido la naturaleza no es solamente un objeto de explotación.

Esto, si queremos ir más allá en la práctica, tiene muchas consecuencias para la vida cotidiana y también para la organización nacional e internacional. Por ejemplo, si aceptamos que la naturaleza es la fuente de la vida, no podemos aceptar que personas individuales o corporaciones, grandes empresas multinacionales, se apropien de la naturaleza (y en particular las riquezas naturales que son los minerales, las fuentes de energía, etc.) por la simple razón que estas cosas deben entrar en la concepción del bien común. Aquí no digo que no se debe extraer, porque la madre tierra es generosa, sino que se debe hacer respetando los derechos de la naturaleza, la posibilidad de regenerarse y de continuidad de la vida. Este es un ejemplo práctico. También, por ejemplo, no se puede aceptar la mercantilización de bienes básicos para la vida como las semillas o como el agua. Ese es un primer paso.

El segundo es la producción de la base material de la vida. Como he dicho, cada vida tiene su base material y no se puede continuar sin esta base. Ahora la base material de la vida –la economía–, está organizada por la lógica del capital. El capital es el único motor de la economía, con su necesidad inagotable de tener ganancias para poder acumularse. Frente a esto la lógica debe ser absolutamente diferente: no una lógica de acumulación del capital, de valorización única del valor de cambio. Porque hay dos tipos de valores para todo servicio o bien: el valor de uso, es decir lo que es útil para la humanidad, para la naturaleza, para el mundo, y el valor de cambio o lo que permite ganancia. Solamente el valor de cambio, es decir, si una cosa es una mercancía, contribuye a la acumulación del capital. Por eso en el capitalismo todo debe convertirse en mercancía. Esta es la lógica del capital. Debemos salir de esta lógica, con todas las consecuencias en cuanto a la propiedad de los medios de producción, significa, en lo práctico, que no podemos aceptar la dominación del capital financiero, los paraísos fiscales, etc.

Un tercer elemento es la organización social y política, que debe ser democrática, para permitir que todos los seres humanos sean actores y no solamente sujetos de una política decidida desde arriba o por una minoría. No hay nada menos democrático que la economía capitalista que concentra el poder y desconoce lo que se llaman las “externalidades”: los daños ambientales y los daños sociales, que no paga el capital. Se deben promover procesos democráticos en todas las instituciones, desde las políticas y económicas hasta las culturales, sociales, religiosas. Esto también debe extenderse a todas las relaciones sociales, como las relaciones entre hombres y mujeres. Este es el tercer aspecto que tiene muchas aplicaciones en el mundo.

Finalmente, en cuanto a la cultura, hablamos de la interculturalidad. El hecho de no permitir que la cultura occidental, totalmente inmersa en el concepto de modernización, absorbida por la lógica del capital, sea la única cultura aceptable en el mundo, y comprender que todas las culturas, los saberes y las espiritualidades pueden contribuir al bien común de la humanidad y a la ética necesaria para esta construcción.

Ahora, todo esto puede parecer una bella utopía pero no lo es. No es una utopía en el sentido de ilusión, porque en el mundo hay millares de grupos que luchan por construir mejores relaciones con la naturaleza, por otro tipo de economía social y solidaria, por los derechos de todos los grupos humanos y finalmente por la interculturalidad. Esto significa que existe ya en la realidad la posibilidad de perseguir valores que no son puramente abstractos, sino que ya son el proyecto concreto de muchos movimientos y organizaciones en el mundo. Por eso pienso que sobre esta base se puede construir una perspectiva nueva.

-CPM: En algunas intervenciones has planteado que los procesos de cambio en América Latina se caracterizan por ser posneoliberales, pero todavía no se han dado pasos concretos hacia el postcapitalismo. ¿Podrías profundizar sobre esta caracterización de los procesos en Nuestra América y cómo avanzar hacia el postcapitalismo?

-FH: Sí, yo pienso que hay muchos aspectos en todos los dominios. Voy a tomar solo un ejemplo práctico: el problema de la agricultura. Los países que se dicen progresistas en América Latina –y que realmente han sido posneoliberales en el sentido que han reconstruido un Estado que trabaja por una cierta redistribución de la riqueza y también por un mejor acceso a los servicios como la educación o la salud para las clases desfavorecidas– promueven el monocultivo para la exportación, con todas sus consecuencias ambientales: destrucción de la selva amazónica, destrucción de los suelos, contaminación de las aguas, y también, finalmente, daños muy graves para las poblaciones, para la salud, y en cuanto a los efectos sociales como las migraciones hacia las grandes ciudades o al exterior.

Así han promovido esta agricultura en detrimento de la agricultura campesina, que podría dar una respuesta muchísimo mejor a la primera función de la agricultura, que es nutrir la población: es un hecho que la agricultura campesina en América Latina está nutriendo más del 60% de la población del continente. Una segunda función es participar en la regeneración de la Madre Tierra: muchas veces los campesinos trabajan con agricultura orgánica y de manera respetuosa de la naturaleza. Y, finalmente, el bienestar de los campesinos, frente a una agricultura de monocultivos, mucho más productiva, pero que proletariza al campesino o lo integra al sistema capitalista de monopolios, que crea dependencia de las grandes multinacionales de producción o de distribución. La agricultura campesina no es una cosa arcaica, del pasado, sino una cosa del futuro, y esto es reconocido incluso por la FAO.

Lo que hemos visto en América Latina es un intento de construir sociedades posneoliberales –pero no postcapitalistas, y en este sentido continuando con la idea de la modernización de las sociedades, y finalmente con un “capitalismo moderno”; esto tiene como consecuencia, por ejemplo en el campo de la agricultura, que no se promueve una nueva agricultura campesina que podría resolver muchos de los problemas de la pobreza rural y también de la producción de alimentos y de la soberanía alimentaria. Este es un ejemplo, pero podríamos dar otros ejemplos de otros aspectos que nos permiten decir que los ensayos de cambio, de los países progresistas, que fueron muy interesantes y tuvieron varios logros muy reales, finalmente no han transformado la lógica fundamental de la organización de las sociedades. Por eso me parece que desarrollar el concepto de Bien Común de la Humanidad podría ser un paso adelante frente a la crisis que afecta a todos estos países actualmente.

-CPM: Hablando de la crisis, un camino que impulsa el Gobierno Bolivariano para la salida es el Arco Minero. Se supone que explotar el oro y otros minerales en la enorme cuenca del Orinoco nos ayudará a salir de la crisis. Así, tras el anuncio de apertura, más de 150 corporaciones mineras han expresado interés, y ya se han firmado contratos con la canadiense Gold Reserve y con empresas chinas. ¿Qué opinión tienes sobre este tipo de propuestas?

-FH: Esta situación no es particular a Venezuela aunque el caso del Arco Minero es impresionante. Encontramos situaciones similares, tal vez a menor escala, en Ecuador, Bolivia, Brasil, Argentina. El problema es que la única respuesta que ven los gobiernos progresistas actuales frente a la crisis, que es una crisis a escala mundial y que afecta a muchos de estos países porque son exportadores de bienes primarios (explotación minera, petrolera o agrícola), es abrirse más al mercado y entrar en políticas de tipo neoliberal. Evidentemente es una contradicción fundamental. Pienso que estos gobiernos no han reflexionado suficientemente sobre las alternativas al capitalismo.

Debemos reconocer la realidad: Estas medidas contradicen de manera fundamental lo que se ha planteado como meta, y vemos un creciente abismo entre el discurso y las prácticas. La verdad es que estas prácticas van a llevar a una mayor concentración del capital y al desconocimiento de las externalidades, es decir, la destrucción de la naturaleza y la destrucción social y cultural. Eso debemos reconocerlo y debemos tratar de ver qué soluciones podemos encontrar que no entren en contradicción con lo que se había propuesto.

-CPM: Tenemos una tarea clara: la superación del capitalismo. Pero también nos encontramos con múltiples barreras como la enajenación o la pérdida de la esperanza. ¿Qué hacer en estas circunstancias difíciles?

-FH: Precisamente por la situación que vivimos debemos tratar de redefinir la tarea de la izquierda y reflexionar sobre las estrategias posibles. Por eso me parece que un trabajo de conjunto entre movimientos sociales e intelectuales va a ser necesario primero para redefinir las metas (definir qué tipo de sociedad queremos); aquí entra la propuesta de Bien Común de la Humanidad, donde tocamos un espectro que va desde la relación con la naturaleza hasta la organización colectiva de la política y la sociedad, y también la espiritualidad, la manera de vivir las cosas en lo cotidiano...

Entonces, el primer aspecto significa que juntos debemos trabajar por una redefinición colectiva de las metas de la sociedad, no solamente con intelectuales que tienen toda la verdad que se debe imponer a las masas. No, este concepto de vanguardia es obsoleto. Debe ser un trabajo colectivo: por una parte con la experiencia de los movimientos políticos y sociales de izquierda que debemos recoger y tratar de sistematizar, y por otra parte, con el trabajo de los intelectuales. Con todos los logros que hemos desarrollado en los dos últimos siglos, la reflexión fundamental del marxismo, pero también de otras corrientes intelectuales que pueden ser útiles. La cuestión es cómo redefinir la meta fundamental de la humanidad y de la sociedad.

El segundo aspecto es cómo definir las transiciones. Es evidente que no podemos construir el socialismo o comunismo instantáneamente. Eso provocaría catástrofes económicas derivadas del boicot y de los embargos o incluso intervenciones militares. Eso no es posible, pero sí, podemos pensar transiciones, es decir, pasos que nos ayudan a construir el paradigma nuevo. No se trata de adaptar el capitalismo a nuevas situaciones sino de construir una sociedad diferente. En cuanto a la cuestión de cómo construir transiciones, hay que hacerlo desde una perspectiva dialéctica, sin caer en la idea del progreso de la modernidad –un progreso lineal sobre un planeta inagotable (un concepto muy capitalista de la “modernidad”, por cierto.

Es necesario redefinir la modernidad, encontrar transiciones y actores que pueden actuar en cada aspecto. Este es el gran reto no solamente para América Latina sino también para el mundo entero. Y ya podemos empezar, de forma humilde y cotidiana, a pequeña escala, como lo han hecho por ejemplo los zapatistas, y después poco a poco ampliar esta visión para construir otra matriz de desarrollo humano. Esto es absolutamente necesario frente a la destrucción de la naturaleza que el capitalismo está provocando, y también de destrucción humana, cultural y espiritual.

-CPM: Has mencionado en algunas intervenciones que para entender la sociedad hay que hacerlo en términos de clase. En el periódico PolítiK estamos absolutamente de acuerdo. ¿Podrías profundizar sobre la necesidad del análisis de clase?

-FH: El análisis de la sociedad desde una perspectiva de clases es ciertamente importante. También es verdad que en el siglo XIX –en la Europa en que Carlos Marx reflexionó y escribió– la clase obrera era la clase fundamental para iniciar el cambio. En este sentido el papel de la clase obrera para cambiar el conjunto de la sociedad era absolutamente fundamental. Hoy en día debemos reflexionar frente a la realidad actual: una clase obrera muy segmentada por el sistema capitalista y que ha cambiado en los países industrializados, donde han desplazado la actividad de producción hacia las periferias y que se especializan en servicios.

Esto significa que la clase obrera hoy es diferente a la clase obrera del siglo XIX europeo o norteamericano. Así, otras clases sociales, como los campesinos por ejemplo, están también afectadas por la lógica del capital, y hoy vemos que frente a esta destrucción sistemática del pequeño campesinado, hay movimientos que son más radicales que el movimiento obrero. En particular, en el plano internacional, la Vía Campesina, la organización mundial de los campesinos, es más radical contra la Organización Mundial del Comercio o el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional que la organización Internacional de los sindicatos. Este es un hecho y debemos reflexionar sobre las nuevas realidades.

Es verdad que son los trabajadores los que enfrentan la contradicción fundamental con el capital, pero ya no son solo los trabajadores industriales, también están los trabajadores del campo, los precarizados, todos estos grupos sociales que son afectados hoy por la lógica del capital , y por eso la lucha y la organización de la lucha social debe ser pensada de otra manera que en el siglo XIX. Esta es una de las tareas para los movimientos sociales y los movimientos políticos de izquierda, para no equivocarse ni en el vocabulario –lo cual es secundario pero importante–, ni en las prácticas sociales y políticas, es decir: la definición de las luchas sociales.

Fuente: Rebelión

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Publicado por Luis Fernández-Díez Cuenca en 13:32:00
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jueves, 15 de septiembre de 2016


MENSAJE DEL XXXVI CONGRESO DE TEOLOGÍA

Del 8 al 11 de septiembre de 2016 hemos celebrado el 36 Congreso de Teología, que ha reunido a personas y colectivos procedentes de los diferentes continentes, pueblos, culturas y religiones para reflexionar sobre el tema “Migrantes, refugiados y fronteras: de la exclusión a la hospitalidad”. En él han participado activistas sociales comprometidos en los campos de refugiados y en las zonas fronterizas, que han aportado sus experiencias. Nos han acompañado representantes de pueblos oprimidos y olvidados. Hemos contado con especialistas en relaciones internacionales, procesos
migratorios, trata de seres humanos, teoría de género, así como con teólogas y teólogos, que .han hecho análisis críticos de la situación y han ofrecido interpretaciones liberadoras de los textos religiosos.

1. Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de
desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata. Las personas más vulnerables son los niños, las niñas, mujeres, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, sometidos a todo tipo de vejaciones:acoso sexual, agresiones físicas, trata de personas, tráfico de órganos, trabajos forzados, prostitución, violencia de género. Son personas sin nombre, sin cara, sin identidad reconocida. Viven una soledad social, política, moral y jurídica. Se les niega la dignidad
y el derecho a la vida, como demuestran las miles de personas muertas en el legítimo intento de atravesar las fronteras.

2. En expresión de Francisco, estas personas son consideradas “`población
sobrante”, producto de la “cultura del descarte”, que nos vuelve incapaces paracompadecernos ante los clamores de los otros. Son víctimas de un sistema basado en el Dios Dinero, del capitalismo perverso y de la acumulación mafiosa del capital. Quien se beneficia de esta situación es una elite políticoeconómica, patriarcal, colonial, racista y antiecológica, que pone en marcha tres grandes negocios: el de la seguridad, el de la economía política de las migraciones y el de la gestión de las personas en movimiento.

3. A pesar de las discriminaciones que sufren, las mujeres inmigrantes,
refugiadas y desplazadas demuestran una gran capacidad de resistencia, resiliencia y empoderamiento.

4. Los países de acogida son, en su mayoría, países del Sur, mientras que la
mayoría de los del Norte cierran sus puertas a cal y canto, protegen sus fronteras con vallas, concertinas, policías y fuerza militar, niegan el derecho de asilo, siguen políticas equivocadas de seguridad, incumplen los protocolos internacionales y sus propios compromisos, y no demuestran voluntad de acogida.

5. La insolidaridad de los Estados del Norte contrasta con la solidaridad que
demuestra una parte importante de la sociedad, que adopta actitudes de hospitalidad, y con el trabajo de los movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales y personas cooperantes, que colaboran en los campos de refugiados y en las fronteras.

6. El papa Francisco está adoptando actitudes ejemplares de acompañamiento y acogida, al tiempo que denuncia la hipocresía de los gobernantes y de los poderes económicos y financieros europeos. Dirigiéndose a ellos en su visita a Lampedusa pronunció la palabra “vergüenza”. A los parlamentarios europeos les dijo que no es
tolerable que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio ni que se niegue acogida a quienes llegan a diario a nuestras costas, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de esta forma es negar su dignidad y favorecer el trabajo esclavo.

7. La actitud hospitalaria del papa contrasta con la insensibilidad de un sector
importante de la jerarquía católica española ante el drama de las personas migrantes y refugiadas, cuyos problemas parece serles ajenos o no son prioritarios en su agenda pastoral. Amén de insensibilidad, hay obispos que amparándose en un mal uso de la libertad de expresión, adoptan actitudes racistas, xenófobas, excluyentes e inhospitalarias cuando alertan irresponsablemente sobre la “invasión” de los refugiados, cuestionan que todas las personas que cruzan la frontera sean “trigo limpio” y afirman
que a Europa vienen muy pocos porque sean perseguidos. Alguno ha llegado a decir que la llegada de los refugiados es el Caballo de Troya de las sociedades europeas y, en concreto de la española, y que la acogida de los refugiados puede quedar muy bien, pero que “hay que saber lo que hay detrás”.
Estas declaraciones se hacen desde la impunidad jurídica y el disfrute de
privilegios de todo tipo de parte del Estado: educativos, sociales, fiscales, económicos, financieros. Privilegios s que los alejan del Evangelio como mensaje liberador de Jesús de Nazaret.

8. Queremos denunciar enérgicamente tales declaraciones, que demuestran
ausencia total de misericordia y falta de sentido de hospitalidad, se alejan del mensaje hospitalario de la Biblia, que pide amar a los emigrantes, no maltratarlos ni oprimirlos “porque emigrantes fuisteis vosotros en el país de Egipto” (Éx 22,20), y son contrarias a la práctica acogedora de Jesús de Nazaret, él mismo perseguido, emigrante e identificado con los emigrantes (Mt 25,3145).

9. En nombre del Dios de la Vida y de la Paz condenamos el terrorismo, en este caso, el terrorismo que dice basarse en motivos religiosos y matar en nombre de Dios y que provoca la salida de poblaciones enteras para huir del terror.

10. Exigimos a los Estados:
cumplir los protocolos internacionales en materia de inmigración, refugio y
desplazamiento; abrir rutas seguras que impidan caer en las redes de las mafias;no participar en el negocio de venta de armas que se utilizan para apoyar al terrorismo y a los gobiernos dictatoriales; combatirel racismo institucional; negar legitimidad a gobernantes corruptos y autócratas;
apoyar a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno; fomentar políticas de desarrollo en los países de origen;
cumplir sus compromisos de acogida;  fomentar el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico.

11. El Congreso quiere expresar su solidaridad con los pueblos oprimidos y
olvidados como el kurdo, el palestino y el saharaui, a quienes se les niega su derecho a
la independencia y se los somete a todo tipo de vejaciones. Todos ellos tienen numerosos emigrantes, refugiados y desplazados.
12. Las personas que hemos participado en este Congreso de Teología nos
comprometemos a:luchar contra la ideología y el sistema económico que provoca la exclusión de millones de personas,denunciar la sistemática transgresión de los derechos humanos de las “personas en movimiento” por parte de los Gobiernos, trabajar por otro mundo posible hospitalario,seguir
la práctica solidaria de Jesús de Nazaret;hacer una nueva teología de la emigración; pasarde la exclusión a la hospitalidad.

En Madrid, a 11 de septiembre de 2016

viernes, 9 de septiembre de 2016

ETICA DE LA INDIGNACIÓN

ETICA DE LA INDIGNACIÓN

16 de setiembre
/Ve4r Etica,. Etica de la…)

ETICA DE LA RESISTENCIA

 De personas pueblos y colectivos
 Contra el TTIP,
contra el colonialismo
contra el orden establecido por Rajoy y el PP.
“Frenar a las derechas…”
No ceder ante al deseo de acumular y de dominar del Cap.

1.    Movimiento u organización,generalmente clandestino,de los habitantes de un país ocupado para luchar contra el invasor:
apoyó a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.


    ETICA DE LA SUBVERSION

Significado del término.
Si en ciertos momentos no eres subversivo, no eres ético Se trata de volver patas arriba este orden establecido por el Capitalismo y apoyado por Rajoy, Si no haces nada, si piensas casi igual, es que ya no eres ético


La subversión consiste en tratar de sentar los pilares de una sociedad que no se basa en los valores del dinero, el prestigio y el poder, sino en la libertad, la justicia y el amor. Jesús desplazó lo central de la religión de su tiempo, el Templo,  la Ley y  los sacerdotes, hacia lo humano y la humanidad. Se pone de parte de la vida y de la felicidad de todos los seres humanos. El centro de la religión no está en lo dogmático, ni en lo ritual, ni en lo sagrado, sino en lo ético. Jesús nos ofrece un “proyecto de vida”, no una serie de prácticas religiosas. Para Jesús lo sagrado es lo humano, no lo religioso. El proyecto de Jesús es incompatible con el proyecto de la religión. Seguir a Jesús supone caminar detrás de él, renunciar a la seguridad que da el sistema religioso y cargar con la cruz de buscar en cada momento el auténtico modo de acompañarle. Y eso se resume en cuatro afirmaciones que Jesús hizo: “No podéis servir a Dios y al dinero”, “No deis a ningún César lo que es de Dios”, “Sed compasivos, como vuestro Padre celestial es compasivo” y “Los últimos serán los primeros”.
Jesús vio y se conmovió. Se conmovió y se indignó. Se indignó y se comprometió en la transformación de aquella realidad doliente. Se comprometió porque sus ojos veían más a fondo, más allá, otro mundo posible.



envió este texto que hizo para una actividad la Plaza de los Pueblos y habla sobre que es esto de la colonización y por donde andaría lo que sería la descolonización

Partiendo por ejemplo de lo que supuso la colonización de América:

Desmontamos el discurso oficial relacionado con el 12 de octubre como día de  “la   Hispanidad” y realizamos un reconocimiento de los  pueblos  originarios,  a los que se les ha sustraído de manera  dictatorial su  soberanía y derecho a decidir en sus territorios.

El  12 de octubre se  celebra una ocupación político militar que tiene como resultado el  exterminio de más de 80  millones de personas y la  esclavitud de otras miles y miles, pertenecientes a pueblos originarios de América y también de países de África y de Asia.

También este día en España es el día de la Fiesta Nacional. El principal acto de celebración tiene lugar con el gran desfile militar del año. Tenemos un ejército más que en vez de cuidar al pueblo, cuida los intereses económico-energéticos de las grandes corporaciones.
Queremos que el presupuesto que dedica el gobierno a los gastos militares se invierta en necesidades sociales

La Política colonizadora adopta en la actualidad formas diferentes pero con los mismos resultados que en el pasado, utilizando la violencia contra el medioambiente, contra las  tribus indígenas que habitan los diferentes ecosistemas del planeta y hacia todos los seres vivos a través de sus Lobbies que gobiernan el mundo, con la licencia que les otorgan los gobiernos mundiales, títeres en manos de estas Corporaciones a través del TLC/TAFTA/TPP.

En este contexto es que se están preparando los documentales a partir de septiembre en el distrito y la idea de preparar un arte-evento para el 12 de octubre en Madrid

abrazos
José María García -Mauriño

domingo, 31 de julio de 2016

JORNADAS CPS 2016


CASA DE EJERCICIOS,"VILLA DE SAN PABLO"



JORNADAS CPS 2016

Fechas: 8 y 9 de octubre
Lugar: Casa de ejercicios: “Villa San Pablo”, C/ Madre Nazaria, 7 Carabanchel Alto, 28044 Madrid,
Teléf.: 91 462 86 80 / 91 462 94 32

Planteamiento
La encíclica Laudato enlaza con intuiciones que han estado presentes en el pensamiento y práctica de CPS desde sus inicios. Su aparición es un acontecimiento importante que debe ser interpretado como “buena noticia” y oportunidad para el rearme moral y política con el que afrontar la crisis de civilización en la que estamos inmersos.
Título: «Laudato: hacia un rearme moral y político»

Programa
Sábado
10:00 Presentación
10:30 Primera ponencia y debate
«Contexto y mensaje de la encíclica Laudato»
Santiago Álvarez y Jaume Botey
12:00 Descanso
12:30 Segunda ponencia y debate
«Actitudes para el replanteamiento moral: el principio misericordia»
Juanjo Tamayo
14.00 Comida
16:30 Tercera ponencia y debate
«Actitudes para el replanteamiento político»
Yayo Herrero
18:30 Visita: recorrido por Madrid, turístico-cultural (Lutgarda)
21:30 Cena

Domingo
10.00 Asamblea de CPS

12:00 Eucaristía (organiza grupo de Madrid)

jueves, 28 de julio de 2016

Francia, la hija mayor de la Iglesia




RAFAEL JORBA

Francia, “fille aînée de l’Église” (la hija mayor de la Iglesia) desde el bautismo de Clodoveo (496), abrazó la laicidad hace más de un siglo (1905). Desde entonces, por la ley de separación de las iglesias y el Estado, la República “no reconoce, ni paga ni subvenciona ningún culto”. En consecuencia, la mayoría de los católicos franceses asumen los valores republicanos y las reglas de la laicidad. Viven su fe en libertad y sin tutelas. También la jerarquía, que no dudó en pedir perdón por su tibieza durante la ocupación nazi.

El pionero fue el cardenal Albert Decourtray, arzobispo de Lyon y primado de las Galias, que en 1992 abrió los archivos de su diócesis a una comisión de historiadores, presidida por René Rémond. Cinco años después el episcopado publicó una “declaración de arrepentimiento” sobre la actitud de la Iglesia bajo el régimen de Vichy y la deportación de judíos: “Ante la magnitud del drama y el carácter inaudito del crimen, demasiados pastores de la Iglesia ofendieron con su silencio a la Iglesia misma y su misión. Hoy confesamos que ese silencio fue una falta... Imploramos el perdón de Dios y pedimos al pueblo judío que escuche esta palabra de arrepentimiento”.

La madurez de la Iglesia católica francesa se ha evidenciado ahora en su reacción por la trágica toma de rehenes en una Iglesia de Normandía. El arzobispo de Rouen, Dominique Lebrun, que se encontraba en Cracovia para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), publicó un mensaje ejemplar: “Clamo a Dios, con todos los hombres de buena voluntad. Y me atrevo a invitar a los no creyentes a unirse a este grito (…) La Iglesia católica no puede tomar otras armas que la plegaria y la fraternidad entre los hombres. Dejo aquí (en la JMJ) a centenares de jóvenes que son el futuro de la humanidad, la verdadera. Les pido que no bajen los brazos ante las violencias y que se conviertan en apóstoles de la civilización del amor”. Chapeau!

RAFAEL JORBA

La Vanguardia

lunes, 25 de julio de 2016

SANTIAGO ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA, ENTREVISTA A JOSE MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, COFUNDADOR DE CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO.



ENTREVISTA A JOSE MARÍA GARCÍA-MAURIÑO, COFUNDADOR DE CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO.

«Me considero un creyente crítico, y se puede decir que soy un heterodoxo, que vivo de mi pensión y no tengo ninguna propiedad. Hice una opción por los pobres y la llevo a cabo, lo mejor que puedo.»


En un libro clave para entender el papel de muchos militantes cristianos en la lucha contra la dictadura franquista y la renovación de la Iglesia católica, aparece una mención a nuestro entrevistado.1 Dice así: «es destacable la actuación de José M. García-Mauriño. Formado en Andalucía, es destinado a las distintas Escuelas Profesionales de la SAFA llegando finalmente a Huelva en el año 1965. Desde entonces y hasta 1971 impulsará como consiliario de la Vanguardia Obrera su compromiso sindical y político. Como consecuencia de sus actividades en la Vanguardia y como cura obrero (será peón de una fábrica de Abengoa tres años) tendrá roces con las autoridades eclesiásticas y será también perseguido por la policía. En 1971 abandona Huelva y la Vanguardia. En 1973 contribuirá a la fundación de Cristianos por el Socialismo, movimiento del que sigue siendo secretario general, aunque abandona la Compañía en 1980». Su salida de los Jesuitas le supuso también padecer la lacra del desempleo de aquellos años. Ello le obliga a trasladarse a Madrid, donde encuentra un puesto de trabajo como profesor de filosofía y ética. Durante ese tiempo escribió innumerables fascículos de Historia de la Filosofía y comentarios de textos para sus alumnos de COU y otros de Ética para los alumnos de la Facultad de Derecho, Económicas y Empresariales de la Universidad de San Pablo CEU. La opción por los pobres ha sido el eje de su vida.

Santiago Álvarez Cantalapiedra (SAC): Dices en una breve biografía que te pidieron sobre tu vida en los años cincuenta: «En los años 53-54, en plena formación jesuítica, me planteé qué es lo que quería hacer con mi vida. Y poco a poco fui perfilando lo que yo llamo mi “proyecto de vida”. Y lo empecé a diseñar a partir de lo que yo entiendo qué es la opción por los pobres». ¿Podrías explicar en qué consiste?

José María García-Mauriño (JMGM): Lo que quiero expresar con «mi proyecto de vida» es el porqué de mis compromisos sociales, políticos y cristianos. Lo que me ha llevado hace ya muchos años a una serie de actividades comprometidas con la realidad es mi opción por Los  pobres. Y lo quiero explicar así:

1º) La Opción por los pobres (OP) es una opción ética, que busca ante todo la justicia. El mundo actual es un mundo injusto. Es una opción basada en el amor a los oprimidos que están injustamente oprimidos. Es una opción de clase. No se trata de un amor asistencial, proteccionista y paternalista, sino de un amor liberador, que es al mismo tiempo participativo, es decir, que reconoce a los pobres como sujetos capaces de decidir por sí mismos su propio destino. Participan en la vida como sujetos libres, no como dependientes. Se trata de la promoción de las personas y pueblos oprimidos como sujetos, no como objetos de compasión y de asistencia por parte de los poderosos.
2º) La OP es una opción crítica, no acepta este sistema capitalista que produce pobres y pobreza y miseria en la inmensa mayoría de la humanidad. Un sistema que constantemente genera sumisión, dependencia y esclavitud, a personas y pueblos enteros. Es, por tanto, una opción política anticapitalista y antiimperialista que se compromete a su liberación en el contexto histórico concreto del mundo y de España, en este siglo XXI.
3º) La OP hace una interpretación de la historia, de la realidad. Una interpretación que es subversiva. Es decir, hace una lectura de la historia, no a partir de la escala de valores tradicionales y vigente en la sociedad, como son los valores del dinero, del poder o del prestigio, sino desde abajo, desde los pobres y oprimidos, desde los valores de la libertad, la vida, la dignidad de todos los seres humanos. Significa un proceso de maduración personal y rebeldía contra la cultura dominante del sometimiento.
4º) Es una opción cristiana. ¿Qué añade lo cristiano a esta OP de tipo ético? Pues sencillamente que el fundamento de esta opción, además de la justicia, es la fe, es decir, la adhesión libre a la persona y al mensaje de Jesús de Nazaret. Y el mensaje de Jesús es subversivo, «Amaos… como yo os he amado». La nueva cultura no tiene como quicio sólo un mandamiento, una invitación, sino una persona. La opción definitiva de Jesús por los marginados y su compromiso por ellos como sujetos, supone un amor universal, y para ser verdaderamente universal no puede ser neutral. O es preferencial y discriminatorio o es ilusorio. Son los económicamente pobres, los samaritanos, leprosos, ciegos, los paralíticos, adúlteras, prostitutas, niños y niñas, etc. Son la mayoría de la humanidad. Jesús invierte la escala de valores. Su preferencia son los perdidos, los últimos, los que nadie quiere, los «don nadie». Se sitúa en una interpretación de la historia subversiva, no integradora en el sistema. Se puede decir que es un rebelde, un disidente. Es rebelarse contra una sumisión impuesta por el sistema político y religioso. Jesús es un educador popular, empeñado en concienciar a su pueblo y liberarlo de la servidumbre impuesta por la religión de los poderosos. Subvierte al pueblo, enseñando desde Galilea. Jesús es un inconformista y critica las culturas fundadas en el dominio del hombre por el hombre, no podía ser fiel al amor sin cuestionar la ideología y el sistema socio-religioso que justificaban la segregación. Conclusión: la OP cristiana es la opción por la inmensa mayoría de la humanidad sufriente. Es fundamentalmente una opción profana, laica, no religiosa. Siguiendo a Jesús tengo la convicción de que vale la pena jugarse la vida por esta causa. Hago mía esta sentencia de Jon Sobrino: «No hay opción por los pobres sin decisión a defenderlos. Y por lo tanto, sin una decisión a introducirse en el conflicto histórico. Esto no suele ser muy tenido en cuenta. Ni siquiera teóricamente. Pero, digámoslo una vez más: no hay opción por los pobres sin arriesgar».


SAC: Cristianos por el socialismo (CPS) surge en los años setenta en el Chile de Allende. Es el momento de mayor crudeza de la llamada «Guerra Fría», interpretada en términos ideológicos como el antagonismo entre el «comunismo ateo» y la «civilización occidental cristiana». El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende logra una mayoría relativa, superando a Alessandri (candidato conservador, feroz anticomunista apoyado por la jerarquía de la iglesia católica y por ciertos sectores del Opus Dei), y se inicia así la construcción del socialismo por la vía democrática. En abril de 1971, un grupo de sacerdotes y cristianos que trabajaban en los sectores populares convocan las «Jornadas sobre la participación de los cristianos en la construcción del socialismo en Chile». En septiembre de ese mismo año nace el «secretariado sacerdotal Cristianos por el Socialismo» y en octubre el «secretariado educacional Cristianos por el Socialismo», abogando por la educación liberadora y la democratización de la escuela católica. La presentación internacional se realiza en el «Iº Encuentro Continental de Cristianos por el Socialismo», celebrado en Santiago de Chile en abril de 1972. De ahí se difunde por América Latina y Europa. En marzo de 1973, con el dictador Franco aún dando sus últimos zarpazos, se funda en España. Apenas seis meses después, el 11 de septiembre de 1973, el general Pinochet da un golpe de Estado alegando la defensa de la «civilización occidental cristina», ahogando en sangre el intento de socialismo y el movimiento cristiano que pretendía apoyarlo. ¿Nos puedes hablar de tu papel en la aparición de CPS en España y lo que os animaba en esos primeros años?

JMGM: Fuí uno de los fundadores de CPS en España, junto con Josep Seguí, Salvador Pérez Chuecos, José María González Ruiz, Alfonso Carlos Comín, Juan García-Nieto y otros muchos. Gracias a la laboriosa convocatoria de Comín y García-Nieto, nos reunimos más de doscientas personas en el albergue juvenil de Calafell, cerca de Barcelona. Fueron unas circunstancias históricas -después del Concilio Vaticano II (1962-65) y la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Medellín (1968) o los movimientos estudiantiles del 68- llenas de ilusión, renovadoras, con los ejemplos de América Latina, la revolución sandinista con los hermanos Cardenal, en el Salvador con Ellacuría y el obispo Oscar Romero. Y la imperturbable revolución cubana con Fidel Castro que visitó en 1971 a los de CPS chilenos.

SAC: ¿Qué buscabais lanzando CPS?
JMGM: Buscábamos el sentido profundo de la fe cristiana. Saber unir fe y compromiso político. Un compromiso con los de abajo, con las clases populares. Una práctica política y de fe que fuera transformadora de la realidad. Se trataba de un movimiento no de un nuevo partido. Tampoco pretendíamos crear una Iglesia paralela, popular. Nos sumamos, como un colectivo más, a las nacientes comunidades cristianas de base. Fuimos demonizados por la jerarquía de la iglesia católica que siempre nos acusaba de ser marxistas, ateos, revolucionarios. Y estuvimos en la clandestinidad durante el tiempo que duró la dictadura. Con la democracia muchos se alistaron en partidos políticos y dejaron CPS, otros siguieron firmes en sus compromisos pero el número decreció sensiblemente.

SAC: Hablas de unir fe y compromiso político. Según la teología política de Johann B. Metz «la fe de los cristianos es una praxis de la historia dentro de la sociedad». Por otro lado, el cristianismo está dentro de las consideradas religiones proféticas, por lo que se la puede entender -según la concepción de Max Weber- como una religión intramundana que contiene un mensaje profético de transformación social. ¿Debe ser relegada la experiencia creyente al ámbito privado? Según las teologías cristianas progresistas, la separación del espacio público y privado ha funcionado siempre como forma de domesticar o neutralizar el potencial emancipador de la religión, proceso que ha contado con la complicidad, e incluso la participación activa de las teologías conservadoras ¿cómo ves esta cuestión?

JMGM: Creo que hay que hacer frente al dualismo fe-política, que es un dualismo engañoso, propio de la mentalidad burguesa cristiana. Según dicen ellos, una cosa es la fe y otra cosa es la política. Estimo que no es un problema que hay que analizar por separado. La fe no puede ir separada del compromiso político. «Creer es comprometerse». Creer es algo más que ir a misa los domingos y participar en las liturgias tradicionales de bautizos, bodas, comuniones, y funerales. El compromiso político tiene también una dimensión teologal. Con este dualismo teológico, la jerarquía y los cristianos conservadores, quieren salvar a toda costa por un lado, la «trascendencia de la fe», que no sabemos muy bien cuál es su significado, y por otro, la libertad política de los cristianos y cristianas. Según la jerarquía hay que tener en cuenta tres cosas: la misión espiritual y no política de la iglesia, la libertad de los creyentes y la unidad de la iglesia. Es decir, se reduce la fe a un campo neutro, apolítico y abstracto; y además, se reduce el compromiso de los creyentes a un problema de libertad individual y responsabilidad personal. Y se intenta una unidad imposible al admitir el pluralismo en el mismo seno de la iglesia.
El resultado de este dualismo es un cristianismo desencarnado y vacío, castrado en su dimensión profética al situarse fuera de la realidad, fuera de la historia. Y por si fuera poco, se reconoce igual carta de ciudadanía en el interior de la Iglesia a todas las opciones políticas, sean de derechas o de extrema derecha o de izquierdas, estén con el pueblo o se sitúan al margen de él. Entonces, para salvar la «trascendencia» de la fe y la misma «libertad» de los creyentes, el dualismo crea un cristianismo «platónico» y una moral social liberal. Desde luego, no hay que identificar la fe con el compromiso político, ni tampoco se puede deducir de los textos del Evangelio un programa de acción social concreta. Pero, la opción de lucha por las clases populares y la clase trabajadora no es ajena al planteamiento evangélico, tiene una clara dimensión teologal: la opción de clase se traduce desde la fe como un compromiso con el «Reino de Dios». No hay una historia profana y otra historia sagrada, sino una única historia, la historia de la salvación. Y en esa historia los hechos políticos liberadores pueden ser interpretados a la luz de la fe, como palabra de Dios. Dios quiere la liberación de todos los pueblos de toda opresión, quiere la vida y la dignidad para toda clase de personas y pueblos, para toda la humanidad.
Los creyentes que admiten el Evangelio como proyecto de vida, no solamente no son apolíticos, sino que han hecho una opción de clase. La opción por las clases populares, los empobrecidos, los menos favorecidos, es una opción descaradamente evangélica. Jesús dijo claramente, «dichosos los empobrecidos», también «ay de vosotros los ricos» y además «los últimos serán los primeros». Jesús nos invitó a luchar por los «últimos» de la sociedad. Se trata de una opción de clase, no de partidos políticos de izquierdas. En este análisis del dualismo, no se parte de consideraciones teológicas de textos básicos, para aterrizar después en los problemas concretos. Tomamos tierra en la realidad histórica. Partimos siempre de la realidad, de la constatación del hecho de la lucha de clases. Hay personas y pueblos empobrecidos, porque hay ricos, que tienen muchas riquezas y mucho poder. Hay que descubrirlo, porque no está claro para la mayoría, que a veces lo niega y con frecuencia intenta dulcificarlo, que la lucha de clases se configura como eje fundamental de la realidad y de la historia. Cristianismo y marxismo no son incompatibles.


El cristianismo sí es incompatible con el capitalismo. Cristianos y marxistas luchan en un frente común, la lucha por la liberación de todos los oprimidos. Buscamos el sentido profundo de la fe cristiana. El planteamiento cristiano y teológico no se hace a partir de principios abstractos o textos magisteriales, sino que se parte de lo político, de la situación real de la clase obrera y popular, del mundo de los empobrecidos, de las enormes desigualdades sociales, para llegar inductivamente al problema teológico. El mundo de los empobrecidos, no es mundo amorfo y sin rostro, el empobrecido no es solo el que sufre, al que se le niegan los bienes básicos para vivir, sino que es un explotado, que pertenece a la clase de los explotados. Habría que pasar de la actitud de acercarse y compartir en lo posible la vida y el trabajo de los empobrecidos, a la actitud de compartir la lucha de los empobrecidos y con los empobrecidos. La lucha de los empobrecidos adquiere el rostro más definido de lucha política de la clase trabajadora contra el sistema capitalista y por la construcción del socialismo. Los cristianos deberíamos estar comprometidos en la construcción de un socialismo, como alternativa al capitalismo. Negar este hecho de la lucha de clases, es propio de la derecha. Claro que hay que amar a todos, a los explotados y a los explotadores. Amar a los explotados significa participar en la lucha política por su liberación; amar a los explotadores significa despojarlos de sus instrumentos de explotación, exigir que los ricos dejen de ser “buenos” ricos, es decir, que dejen de dar esas limosnas que les sirven de tranquilizantes de conciencia, y que compartan más sus riquezas y sus propiedades con el mundo de los empobrecidos. Los “buenos” ricos siempre tratarán de rebajar las exigencias éticas o evangélicas para acomodarlas al nivel de su estilo de vida. Así no se sentirán tan incómodos en el cristianismo. El dualismo admite que dentro del cristianismo cabe optar por todas las clases sociales, es interclasista. Rechazamos ese “pluralismo” donde todas las opciones son legítimas dentro de la Iglesia. Es muy difícil llegar a una síntesis entre los dos polos, porque siempre habrá tensión entre los que son demasiado “políticos” y poco cristianos, y los que son muy “cristianos”, pero poco políticos.

SAC: ¿Qué ha supuesto para ti formar parte de CPS durante estos cuarenta y tres años?
JMGM: Antes de nada, me gustaría reconocer y agradecer la ejemplaridad personal e ideológica de “guías” como Alfonso C. Comín y Juan N. García-Nieto ¿Lo que CPS ha supuesto para mí? Una exigencia muy fuerte en lo cristiano, lo político y lo social; un compromiso para ir avanzando en la construcción del socialismo; CPS nos ha exigido un análisis marxista de la realidad para interpretar las distintas circunstancias históricas y poder expresa nuestras opiniones a lo largo de todos estos años. Sigue siendo la amistad inquebrantable de todos y todas las que formamos CPS, el gozo de reunirnos -cada mes en Madrid o anualmente en las Jornadas que alternamos entre Madrid y Barcelona con el resto de compañeras y compañeros de todo el territorio español- dialogando sobre temas profundos y animándonos mutuamente a seguir a Jesús y ser fieles al compromiso, el esfuerzo de profundizar temas actuales y redactar unas modestas cartas de intervención pública que denominamos CPS Opina que paso a los compañeros y compañeras para su corrección y difusión final.

SAC: Dices que lo específico de pertenecer a CPS es leer lo que acontece desde el análisis marxista de la realidad. ¿Qué supone esa lectura?


JMGM: El análisis de la realidad desde la lucha de clases contempla esa sangrante injusticia que es la desigualdad social. Unos pocos ricos y una inmensa mayoría de pobres. Ese 1 % de los que vive bien o muy bien, frente al 99 % de la humanidad que vive mal o muy mal. El sufrimiento, la opresión y la violencia que sufren los pobres no son pura casualidad. A eso le llamamos lucha de clases. Se ha abierto una brecha tan asombrosa entre ricos y pobres, que ya es (y será) insalvable durante décadas y quizás siglos. Las muertes de emigrantes en el mar no es producto solo de las mafias No son errores independientes de la voluntad de algunos explotadores. Estas realidades responden a un sistema que se ha hecho global y que ya no se aguanta. Está castigando a la Tierra, a pueblos enteros y a las personas de un modo casi salvaje. Tienen causas concretas que los empobrecidos, la clase trabajadora, va conociendo cada día mejor. La causa profunda de esta situación anida en el sistema capitalista, donde manda el dinero, la codicia y el poder para reprimir. No se trata de una situación de pobreza, producida por los mecanismos mercantiles de la economía, sino de una explotación del trabajo de los pobres, de los campesinos y campesinas, de los hombres del mar, de los parados, de las personas emigrantes, de la sangrante discriminación de las mujeres, etc. Hay que leer la realidad de la historia desde esta óptica, desde la lucha de clases. La historia no es una realidad ante la cual se opta, sino en la cual toda persona antes que nada vive. La vida en sí misma es ya un compromiso. El cristiano y la cristiana están en la historia y, por tanto, participan, en mayor o menor grado, de su ideología de clase, de su análisis más o menos científico de la realidad, de una cosmovisión del mundo, con una visión filosófica o utópica determinada de la realidad. Aquí se desconoce el hecho de que los ricos, los poderosos, son los que hacen pobres a los pobres y que estos no pueden liberarse sin luchar contra la explotación. No son pobres, sino que están «empobrecidos», porque están siendo explotados. Es decir, existe un antagonismo en la sociedad, los pobres forman una clase social que está oprimida, explotada, y los ricos forman otra clase social que oprime y explota.

SAC: ¿Qué opinión te merece la carta encíclica Laudato si’ del Papa Francisco? ¿Y el discurso de julio de 2015 en Bolivia?
JMGM: La Laudato si’ se trata de un duro alegato que señala con severidad la gravedad de los problemas: «La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un depósito de basura» (n.21). «Basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común» (n.61). En esta parte incorpora los datos más consistentes referentes al cambio climático (n.20-22), la cuestión del agua (n.27-31), la erosión de la biodiversidad (n.32-42), el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación de la vida social (n.43-47), denuncia la alta tasa de iniquidad planetaria, que afecta a todos los ámbitos de la vida (n.48-52), siendo los pobres las principales víctimas (n. 48).
En su discurso en Bolivia, Jorge Mario Bergoglio señala: «Necesitamos un cambio positivo, un cambio que nos haga bien, un cambio redentor. Necesitamos un cambio real. Este sistema ya no se aguanta. Y los más humildes, los explotados, pueden hacer mucho. El futuro de la humanidad está en sus manos». En un pasaje que puso la emoción a flor de piel, quiso hacer protagonistas de la salvación del mundo a los más humildes: «¿Qué puedo hacer yo, cartonero, catadora, pepenador, recicladora, frente a tantos problemas si apenas gano para comer? ¿Qué puedo hacer yo artesano, vendedor ambulante, transportista, trabajador excluido si ni siquiera tengo derechos laborales? ¿Qué puedo hacer yo, campesina, indígena, pescador que apenas puedo resistir el avasallamiento de las grandes corporaciones? ¿Qué puedo hacer yo desde mi villa, mi chabola, mi población, mi rancherío cuando soy diariamente discriminado y marginado? ¿Qué puede hacer ese estudiante, ese joven, ese militante, ese misionero que patea las barriadas y los parajes con el corazón lleno de sueños pero casi sin ninguna solución para mis problemas?». A continuación, el Papa, entre aplausos, contestó su propia pregunta: «¡Mucho! Pueden hacer mucho. Ustedes, los más humildes, los explotados, los empobrecidos y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana de “las tres T” (trabajo, techo, tierra). ¡No se achiquen!».


Esta encíclica junto con el discurso en Bolivia, suponen una denuncia sin precedentes de un Papa contra el capitalismo. Se alinea con los pobres y les anima a que sean creativos y sigan luchando, «no se achiquen…». En realidad, el Papa no dice nada nuevo, lo nuevo es que lo diga el Papa. Creo que es la primera vez que un pontífice condena el capitalismo claramente.

SAC: ¿Cómo te sientes querido amigo?
JMGM: Me siento muy a gusto conmigo mismo. Me considero un creyente crítico, y se puede decir que soy un heterodoxo, que vivo de mi pensión y que no tengo ninguna propiedad. Hice una opción por los pobres y la llevo a cabo lo mejor que puedo. Estoy divorciado y no me importan las excomuniones de la iglesia católica. A mis 86 años, en medio de mis carencias (veo mal, oigo peor) me siento feliz y contento con lo que tengo y con lo que no tengo. Como decía Unamuno, no quiero morirme, ni «quiero quererlo». Estoy reconciliado con el término «aceptación». Intento armonizar la «resistencia» con la «sumisión», como dice en su libro “Resistencia y  sumisión”, el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer. Soy consciente de que en la vida es necesario reconocer ambas melodías: a las fechas actuales de la «resistencia», marcada por la creatividad intelectual, el vigor espiritual y la deficiente salud física, suele suceder la «sumisión», bien conocida y reconocida por el declive de todo lo anterior. Son días de eclipse, de paulatino deterioro, de pasividad, de lenta e inexorable llegada del final. Un final, la muerte, que acepto, pero que no deseo que venga. Me gusta la escueta definición cristiana de la muerte que nos legó Karl Rahner: «Platz machen», hacer sitio a otros. 

J. M. Castells, J. Hurtado y J.M. Margenat (eds): De la dictadura a la democracia. La acción de los cristianos en España, Descleé de Brouwer, Bilbao, 2005, p. 345.



Santiago Álvarez Cantalapiedra

viernes, 18 de marzo de 2016

El hospital de campaña del padre Ángel


El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, en la iglesia madrileña de San Antón.




La iglesia madrileña de San Antón "cura las heridas" de los necesitados 24 horas al día.
Al frente de ella, el fundador de Mensajeros de la Paz, que ha visto su sueño cumplido.
HENRIQUE MARIÑO

@solucionsalina

A las puertas de esta iglesia no hay mendigos. Todo quisque está dentro. “La gente viene aquí a curar las heridas”, susurra el padre Ángel. Ha comenzado la misa de siete y él atiende en una mesa camilla que hace las veces de confesionario. “Ésta es la iglesia de todos, la de los que están bautizados y la de los que no”. Un templo atípico que acoge almas descarriadas al reclamo de un luminoso con forma de cruz, similar al de una farmacia pero con luz azul. Reza: “Iglesia de San Antón. Abierta 24 horas. Paz”.
Ubicada en Hortaleza 63, entre Malasaña y Chueca, a pie de calle luce como un santuario pop. Incluso podría parecer, por su ubicación fronteriza y el señuelo de los neones, una parroquia gay. No conviene quedarse en la superficie: tras la apariencia de congregación tecno se erige la última obra de Ángel García Rodríguez (Mieres, 1937), fundador de Mensajeros de la Paz. “Queremos que sea un hospital de campaña para curar las heridas”, explica mientras el padre Carlos, recién llegado del campamento de refugiados jordano de Zaatari, oficia.
Los feligreses comparten espacio con los necesitados. Los carteles y letreros indican que esta congregación no es como las demás. Sobre un cepillo: “Deja lo que puedas, pide lo que necesites”. En una mesa con paquetes de garbanzos y lentejas: “La Virgen María agradece tus flores, pero aún más alimentos no perecederos para los pobres”. Junto al altar: “El papa Francisco pide que la Iglesia tenga ‘los templos con las puertas abiertas’ en todas partes, para que el que busca a Dios no se encuentre ‘con la frialdad de las puertas cerradas”.
Los bancos carecen de rótulos, pero los mullidos cojines que los cubren invitan a conciliar el sueño. El del padre Ángel era precisamente éste: “Una iglesia abierta día y noche en la que entran los unos y los otros. La iglesia de la misericordia”. Tardó en cumplirse, pero hace un año Mensajeros de la Paz desempolvó el lugar, que permanecía cerrado, y logró erigir un proyecto social dentro de una basílica. “No hay que buscar a una oveja perdida sino a noventa y nueve”, se propuso el pastor, hoy satisfecho con la iniciativa.
“Recibimos más cariño del que damos”, afirma el padre Ángel, que contó con la bendición del arzobispo Carlos Osoro para su apertura. Con Rouco Varela, su antecesor en la curia madrileña, este cura al borde de los ochenta era un marginado. “Aquí vienen gais, lesbianas y prostitutas, pero también médicos e ingenieros”, presume. “Ricos y pobres”. También quien reniega de Cristo. “Si consultas el libro de las reflexiones, podrás leer cosas como soy ateo, pero creo en una iglesia como ésta”.
Aquí, la iglesia son las personas que la habitan, no una obra barroca de Pedro de Ribera, ni el santuario del patrón de los animales, tampoco el contenedor del esqueleto de san Valentín. “Hay que abrir los brazos a la gente, procurar que sea acogedora”, subraya el padre Ángel, consciente de que había que ir con los tiempos. Así, además de dar la bienvenida a los perros, hay tabletas para que los sordos puedan confesarse, enchufes para cargar el móvil, pantallas para seguir las misas del Vaticano o las propias y wifi gratuito. Bueno, en realidad, todo es gratuito. También los desayunos y cenas que sirven a diario, así como el café, siempre humeante.

Fuente: Público.es