lunes, 29 de agosto de 2011

CPS, LIBIA, GADAFI

 

Trípoli, Libia

28 de Agosto 2011

José María García Mauriño

El colectivo de Cristianos por el Socialismo, después de estar suficientemente informados, queremos expresar nuestra denuncia a este estado de cosas. En estos días, las potencias europeas de la OTAN y los EE UU declaran la proximidad de su victoria, tras destruir Libia provocando una masacre cuya magnitud sólo el tiempo desvelará. Desde nuestro colectivo, queremos denunciar cómo de nuevo la OTAN se precipita contra un país rico en petróleo, a fin de saciar la opulencia de las multinacionales del sector. Queremos denunciar cómo, una vez más, la sangre de un pueblo se vierte a cambio del preciado combustible.

Todo comenzó hace seis meses, con un golpe de Estado por parte de los llamados “rebeldes libios”, que instauraron un “gobierno provisional” dirigido por Mustafá Abud Jalil, ministro de Justicia de Gadafi hasta el 21 de febrero, actual presidente del “Consejo Nacional de Transición” y acusado por Amnistía Internacional de continuas violaciones de derechos humanos.  El otro gran “hombre fuerte” de estos “rebeldes” es el general Abdul Faah Yunis, ex ministro del Interior de Gadafi, que previamente había sido jefe de la policía política.

Otros destacados integrantes de los supuestos “rebeldes” eran los clanes del Este, la casta  dominante durante el régimen títere-colonial del rey Idriss, cuya bandera adoptaron oficialmente los rebeldes desde el primer día, junto a otras banderas como la francesa y la estadounidense. Dicha zona Este del país aportaba también a los “rebeldes” numerosos miembros de Al Qaeda (recordemos que esa zona es proporcionalmente el mayor exportador de “combatientes–mártires” a Iraq en todo el mundo), a los cuales Gadafi  había reprimido en 2006 con el apoyo de Occidente, con ocasión de la revuelta islamista de Bengazhi.

Con estos datos encima de la mesa, ya en febrero resultaba un disparate apoyar a estos supuestos “rebeldes” (o, peor aún, considerarlos los protagonistas de alguna idílica “revolución popular”). Sin embargo, después de que estos “rebeldes” pidieran la intervención imperialista de la OTAN por todos los canales disponibles, la obtuvieran y –finalmente- se beneficiaran de ella, han colaborado codo con codo con el imperialismo. No estamos ya ante un disparate, sino sencillamente ante la confirmación de una peligrosa carencia de honestidad y autocrítica de una pequeña pero ruidosa fracción de la izquierda.

Más allá del oportunismo mediático, las radicales diferencias con respecto a las movilizaciones democráticas acaecidas en países como Túnez y Egipto son escandalosamente obvias. En estos últimos países, la revuelta estuvo liderada por fuertes sindicatos existentes en ellos. Y en estos países, además, vimos a pueblos desarmados enfrentándose a sus tiranos, mientras que en Libia se están enfrentando dos sectores armados de la oligarquía y del propio Estado (incluyendo, como dijimos, a dos ex -ministros de Gadafi). Uno de dichos sectores, hace el papel de colaboracionista, al estar apoyado por el imperialismo francés, estadounidense e internacional, en su búsqueda de petróleo. No en vano, la primera medida de los “rebeldes” fue la creación del Banco Central de Benghazi y, paralelamente, el imperialismo congeló las cuentas bancarias que poseía en el exterior el Estado libio, a fin de  hundir al gobierno, cuentas que ahora acaban de ser generosamente entregadas a los “rebeldes”.

Al igual que en Yugoslavia (desenterrando cementerios para simular “fosas comunes” a ojos de la BBC), al igual que en Irak (con las “armas de destrucción masiva”) y al igual que en Afganistán (con la supuesta “presencia de Ben Laden”), también esta invasión imperialista ha intentado camuflarse como “ayuda humanitaria” o incluso como “apoyo a una rebelión popular”. Pero cabe preguntarse desde cuándo la OTAN se dedica a apoyar las rebeliones populares (o desde cuándo el imperialismo arma, apoya y defiende al antiimperialismo). A día de hoy, todavía no existe ninguna imagen de aquella supuesta rebelión “popular”, ni prueba alguna de los presuntos “bombardeos de Gadafi contra población civil”, ya que en ambos casos se trataba de pura propaganda de guerra, a la cual sólo la más burda ignorancia del contexto político podía dar crédito. La excitada imaginación de algunos llegó al extremo de inventarse la existencia de “consejos obreros” rebeldes, lo cual no solamente es falso, sino absurdo desde un punto de visto sociológico.

No obstante, el imperialismo no encontró mejor manera de defender la vida de los ciudadanos libios que mediante 25.000 operaciones de bombardeo aéreo, desde marzo 2011 hasta hoy mismo, destrozando el país de toda África con mayor esperanza de vida (más de 74 años) y el único en el continente que contaba con sanidad y educación gratuitas. Todo ello con un catastrófico coste humano aún imposible de calcular.

Los bombardeos han abierto el camino a los mercenarios, pero el hecho de que el pueblo libio haya resistido durante seis meses deja en evidencia que los llamados “rebeldes” sin la OTAN no existen. Como la “contra” nicaragüense, a la que Reagan y los medios llamaban “luchadores por la libertad”, o como los mercenarios de Bahía de Cochinos.

Por si fuera poco, mientras concluye su “trabajito” en Libia, el imperialismo amenaza ya a Siria, país que junto a Irán y la parte sur de Líbano (controlada por Hezbolá) constituyen los reductos de resistencia frente al imperialismo en una región plagada de regímenes títere. Los planes internacionales de desestabilización incluyen la financiación a mercenarios terroristas sirios, a fin de potenciar un conflicto desde el exterior, justificando una nueva invasión exterminadora.

No hay que olvidar que la economía imperialista sufre una dependencia estructural de la industria militar (cada uno de los miles y miles de Tomahawks arrojados en Libia cuesta más de dos millones de dólares cada uno, que han sido pagados por la clase trabajadora), y esto sin contar los intereses de las empresas petroleras y las constructoras que entrarán ahora en una Libia asolada por el terrorismo imperialista de la OTAN (el mayor merecedor del calificativo “terrorista”). Tampoco hay que olvidar la sumisa implicación del Estado español en la actual guerra de Libia y en todas las aventuras bélicas de los últimos años (antigua Yugoslavia, Afganistán, Iraq durante algunos años, Líbano y Haití entre otras), así como la aprobación, en plena crisis económica, de un disparatado presupuesto militar por parte del gobierno de Zapatero (17 mil millones de euros para 2011).

Desde CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO, al igual que en ocasión de las invasiones contra Afganistán e Irak, promoveremos y nos sumaremos a todas las movilizaciones en contra de esta intervención imperialista. Por la autodeterminación de los pueblos y su derecho a resolver sus propios problemas sin injerencias externas, ya sea directa o camuflada mediante gusanos y mercenarios.

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