lunes, 23 de abril de 2012

40 aniversario del Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el Socialismo, en Chile

 

 

SANTIAGO DE CHILE, PALACIO DE LA MONEDA

 

Entre los días 23 y 30 de abril de 1972, se realizó en Santiago de
Chile el Primer Encuentro Latinoamericano de Cristianos por el
Socialismo.  Se postulaba, entre otros aspectos, que dicho evento
“debía impactar la conciencia cristiana latinoamericana y mundial,
contribuyendo a destruir la aparente legitimidad religiosa del
capitalismo”.
Aparte de todas las vicisitudes de este Encuentro –tales como
invitaciones a obispos que fueron rechazadas; cartas confidenciales de
obispos chilenos a Conferencias Episcopales de América Latina sobre el
carácter “político” del Encuentro; fría entrevista de los
participantes con el entonces Arzobispo de Santiago-, el Encuentro
entregó un Documento Final que, a grandes rasgos, podría sintetizarse
en que el problema sustantivo de aquel momento era el de la
liberación, para lo que se requería la ruptura del sistema capitalista
a fin de crear las  condiciones de un proceso de construcción del
socialismo, renunciándose a las “terceras vías” postuladas por la
democracia cristiana.
El Documento Final establecía que “nuestro compromiso revolucionario
nos ha hecho  redescubrir la significación de la obra liberadora de
Cristo.  Ella da a la historia humana su unidad profunda y nos permite
comprender el sentido de la liberación política, al situarla en un
contexto más amplio y radical.  La liberación de Cristo se da
necesariamente en hechos históricos liberadores, pero no se reduce a
ellos; señala sus límites, pero sobre todo, los lleva a su pleno
cumplimiento.  Los que operan una reducción de la obra de Cristo son
más  bien aquellos que quieren sacarla de donde late el pulso de la
historia, de donde unos hombres y unas clases sociales luchan por
liberarse de la opresión a que los tienen sometidos otros hombres y
clases sociales; son aquellos que no quieren ver que la liberación de
Cristo es una liberación radical de  toda explotación, de todo
despojo, de toda alienación”.
Han pasado 40 años y estos conceptos mantienen plena vigencia, como
también continúa viva la palabra de Salvador Allende, cuya conducción
de la Vía Chilena al Socialismo fue respaldada por este sector de
sacerdotes, religiosos(as) y laicos(as), y que nació desde un grupo de
consagrados(as) que habitaban sectores populares, o trabajaban como
obreros, o simpatizaban con este tipo de experiencias.
Al inicio del proceso de construcción del socialismo en Chile que,
innegablemente, abrió mayores horizontes a la clase trabajadora, los
citados discípulos del “Hijo del Carpintero” se reunieron a
reflexionar sobre su situación y su acción en aquella nueva realidad,
de la que nadie puede desconocer que significaba una nueva concepción
del hombre, de un empuje de la humanidad hacia delante, de una
superación del capitalismo para hacer brotar una nueva sociedad,
concordando con el Concilio Vaticano II que postula que “la Iglesia
(…) se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su
historia”.  (“G. et S.”, 1).
En medio de las cenizas dejadas por el golpe de Estado de 1973, la
dictadura militar de diecisiete años, la ambigüedad de los grupos
políticos que han continuado administrando el neoliberalismo y la
involución de la jerarquía de la Iglesia Católica, el Movimiento
Cristianos por el Socialismo debería renacer para transmitir
esperanzas a los jóvenes; entregar visiones de futuro que inunden las
mentes y la imaginación de las escuelas, de las Universidades, de los
medios de comunicación; despertar utopías que abran caminos; descubrir
valores que den sentido a la vida; presentar prácticas nuevas que
cambien las relaciones sociales; señalar cuidados con la naturaleza;
enseñar a usar las tecnologías sin olvidar la poesía y la gratuidad;
desarrollar vínculos de fraternidad entre las culturas y los pueblos.
Es aquella solidaridad liberadora que emana del Evangelio (tan
distante de Karadima, de su círculo social y de toda la decadencia
moral que esos sectores representan), lo que posibilitará que
nuevamente, tal como hace casi medio siglo, podamos “esperar contra
toda esperanza” que “sobre estas ruinas brillará la gloria de Dios”.
(Romero, 7-1-79).
Hervi Lara B.
Comité Oscar Romero- SICSAL Chile.

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