sábado, 12 de mayo de 2012

EUROCRIMEN

José Manuel Durao Barroso

Ciudadanía y Poder

7 mayo, 2012 | Filed underOpinión | Posted by larepublica.es

Ricardo Rodriguez

La prensa nos da cuenta del nerviosismo de los responsables políticos de la Unión Europea por el resultado de las elecciones en Grecia, en donde parece (a la hora en que estas líneas se escriben) que podrían no obtener mayoría suficiente los partidos políticos favorables a seguir sumiendo en la miseria a sus conciudadanos. Los griegos son, por lo que se ve, gente extraña y no les gustan los gobernantes que los condenan a morir de hambre.

En el pasado, severos portavoces de la Comisión Europea mostraron su malestar porque algunos países habían decidido consultar a la ciudadanía sobre el llamado “pacto fiscal”. Es que si se le pregunta a la ciudadanía igual vota lo que no debe y hay que andarse con cuidado. La misma Grecia fue sometida a infame campaña de linchamiento cuando a su anterior primer ministro Papandreu se le ocurrió convocar un referéndum acerca de las medidas de austeridad.

Cuando estos doctos dirigentes europeos celebran sus cumbres, las ciudades elegidas para el cónclave han de ser puestas bajo estado de sitio, con miles de policías y supresión de libertad de movimiento de las personas, amén de suspenderse otros derechos fundamentales, para evitar que la ciudadanía, furiosa, los eche a patadas. No pueden, los sabios dirigentes europeos, ni dar la cara ante sus conciudadanos. Y, por descontado, son elogiados como “valientes” aquellos gobernantes que adoptan decisiones “impopulares”, que es una forma elegante de decir que hacen lo contrario de lo que quiere la mayoría de la población y exactamente lo contrario que prometieron en campaña electoral. En castellano claro: ser “valiente” es lo mismo que ser un embustero. La virtud que se buscaba en Monti, para Italia, y Papadimos, para Grecia, nunca fue, como se aseguró, su gran competencia técnica, cuya prueba está por ver, por cierto, sino el hecho de no haber sido elegidos, lo que, previsiblemente, les facilitaría adoptar esas medidas “impopulares” sin preocuparse por lo que pensaran los electores.

De una forma o de otra, resulta que los ciudadanos somos el mayor problema de los dirigentes de la Unión Europea. Toda una muestra de democracia, ¿verdad

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