domingo, 3 de febrero de 2013

PRIVADOS DE ESPÍRITU PROFÉTICO

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA). ECLESALIA, 30/01/13.-

 Sabemos que históricamente la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su ejecución en la cruz. También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta. Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los suyos a lo largo de los siglos. A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene su importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación. Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios. Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de las grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historia cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales del siglo segundo "cae sobre el espíritu (profético) de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo". Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar "lo religioso" frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y "se alejará" para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora.

(Eclesalia
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sábado, 5 de enero de 2013

UN DESEO DE APOCALIPSIS




Más Apocalipsis ya está bien de ABURRIMIENTO


Algunos motivos para desear el Apocalipsis
Santiago Alba Rico
La Calle del Medio
Un tercio de los estadounidenses cree en el Apocalipsis; un 15% está seguro de que llegará en el curso de sus vidas y un 2% estaba convencido de que había de producirse el pasado 21 de diciembre. Según las encuestas y como para probar la diferencia cuantitativa de EEUU, cuya norma es siempre la exageración, ese porcentaje disminuía un poco a escala global: sólo 1 de cada 10 seres humanos había aceptado la irremediable desaparición del planeta tierra en el año 2012 con arreglo a la supuesta predicción del calendario maya. Haríamos mal, en todo caso, en burlarnos de la credulidad de esos -digamos- 100 millones de personas, pues sabemos por experiencia que es posible creer en cualquier cosa, desde la superioridad de la raza blanca hasta el poder afrodisíaco del cuerno de rinoceronte, sin olvidar que la mayor parte de los humanos confía en la ciencia con la misma irracionalidad y por las mismas sinrazones -por una especie de tradición fiduciaria- que en la Santísima Trinidad o en las verdades reveladas del Corán.
También haríamos mal en atribuir ese estremecimiento apocalíptico a la pobreza o a la ignorancia. Digamos que esta pasión del fin del mundo es una típica pasión de clases medias; es decir, de ese amplio nicho social situado entre la concreción terrestre de los más pobres, sin tiempo para tonterías, y la soberanía cínica de los más ricos, cuyos temores nunca adoptan una dimensión cósmica. Es lo que el escritor mexicano Juan Villoro ha llamado “turismo de la catástrofe”: gente que puede reservar un hotel junto a las ruinas mayas de Yucatán para ver de cerca el espectáculo o alquilar una habitación en la cumbre del monte serbio Rtanj, “ombligo del mundo”, sobre el que los extraterrestres debían activar el 21 de diciembre una “pantalla protectora” para salvar del cataclismo final a unos pocos escogidos. Gente, pues, con algunos ahorros y gente, además, con capacidad intelectual e informática para reunir algunos conocimientos inexactos de historia y astronomía y basar en ellos sus certezas catastróficas. David Robinson, un astrobiólogo de la NASA, se ha pasado tres años respondiendo pacientemente a preguntas de cientos de ciudadanos inquietos, convencidos del inminente apocalipsis, que apoyaban sus consultas en textos sumerios, calendarios mayas y datos casi precisos sobre alineaciones de planetas y distancias entre galaxias.
Es normal y humano creer en tonterías; y es hasta bueno que uno haga el esfuerzo intelectual de demostrar su fundamento. Lo realmente inquietante es la hondura de indefensión política y humana que ese impulso revela. En un largo artículo publicado en Skeptical Inquirer (http://www.csicop.org/si/show/myth_of_nibiru_and_the_end_of_the_world_in_2012/), el mencionado David Robinson reproduce algunas de las consultas recibidas en los últimos meses, así como las reacciones agresivas a sus respuestas tranquilizadoras. Robinson se asombra del grado de violencia, a veces muy amenazante, de esos lectores excitados que no buscan un antídoto racional contra sus temores sino, al contrario, una confirmación de los mismos. ¿Qué temen? ¿El fin del mundo? No, temen dos cosas lateralmente relacionadas e íntimamente fundidas en sus mentes. Temen, en primer lugar, a sus gobernantes. Es decir, la primera idea que quieren confirmar es paradójicamente -ellos que creen en el inminente fin del mundo- la de que no pueden creer en nada ni en nadie. Quieren confirmar que los científicos y los políticos están mintiendo. El Apocalipsis no es una especulación; es una certeza. ¿Cuál es la prueba? No el descubrimiento del planeta Nibiru ni la centralidad repentina de la Tierra en nuestra galaxia. “La prueba es que el gobierno lo niega”, responde un ciudadano, acusando a Robinson de complicidad. La NASA no convence; sus explicaciones irritan, soliviantan, indignan. “He ahí lo que queríamos demostrar: ¡una vez más nos están mintiendo!” Podríamos decir que este típico “complotismo” de la clase media estadounidense -y ya internacional- se alimenta del desprestigio absoluto de las instituciones científicas y políticas; es más fácil creer en una tontería (sobre todo si es una tontería trágica, una tontería “total”) cuando ya no se consigue creer ni en el Parlamento ni en los astrofísicos.
Pero el segundo temor es aún más inquietante. Si los lectores de Robinson se enfurecían ante sus razonados argumentos científicos era porque temían lo contrario de lo que decían temer: temían que el astrónomo tuviese razón y finalmente no se produjese ese Apocalipsis en el que tantas esperanzas habían depositado. Temían que no pasase nada; que todo siguiese igual. Porque -digamos la verdad- esas clases medias complotistas, consumistas, que han perdido la fe en sus instituciones y que no controlan su propia vida, desean el fin del mundo. Y hoy se sienten frustradas, vacías, desorientadas por esta inesperada e indeseada supervivencia.
¿Por qué desean el fin del mundo? En el capitalismo, los deseos más profundos siempre se adhieren a los impulsos más banales, que son de hecho los más “auténticos” y “originarios”. Desean el Apocalipsis porque ya han visto todas las películas, montado en todas las montañas rusas, probado todos los platos y agotado todas las fotos. Porque las Torres Gemelas pusieron a la emoción un listón muy alto. Porque un cataclismo inevitable es un buen pretexto para volver a fumar o para irse de putas. Porque es relajante la idea de ser eximido de pronto del trabajo de mantener en pie el pequeño mundo doméstico; y de la responsabilidad de tomar decisiones sin saber a dónde conducen. Porque estamos hartos de no saber cuánto durará esto. Y porque no nos apetece nada -diablos- morirnos solos.
Esta última razón es quizás la menos banal, la menos “auténtica” y, si se quiere, la más social de todas. El deseo de fin del mundo de las clases medias complotistas y consumistas estadounidenses -y ya internacionales- revela también, o sobre todo, una destructiva sed de comunidad. El Apocalipsis representa el fin de la soledad y no porque implique el fin de todo lo existente sino porque nos une a todos en el tiempo y en el espacio, aunque sólo sea para matarnos; porque nombra a la humanidad en su conjunto, aunque sólo sea para aniquilarla. El deseo de Apocalipsis, que es un deseo de fiesta, es un deseo de fusión amorosa definitiva (como lo son, en la tradición popular, todas las verdaderas fusiones amorosas). Es, si se quiere, una protesta mortal contra el ensimismamiento del consumo.
Se suele llamar “populismo” al gobierno que satisface las necesidades de los ciudadanos. Pues bien, el fascismo sólo es de manera lateral un “populismo”. Porque su programa no consiste en satisfacer las necesidades de los hombres sino susdeseos . Da un poco de miedo pensar, la verdad, en ese sector no pequeño de nuestra sociedad capitalista que ha dejado de creer en sus instituciones políticas y científicas y cuyos deseos más profundos y más banales convergen en esa atronadora explosión final a la que -una vez más- hemos sobrevivido.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes









ESPERANZA 2013




    La esperanza limpia y fuerte


AÑO NUEVO, NUEVA ESPERANZA

José María García-Mauriño
Enero de 2013
Con la que está cayendo, todavía cabe hablar de estrenar una nueva esperanza. La que funciona a ritmo de Utopía, la que se fundamenta en los valores éticos. La crisis, esa monumental estafa, es ante todo crisis ética, crisis de valores. Esos valores tan olvidados en este escenario en el que casi solo se habla de dinero: de primas, de porcentajes, de miles de millones, de rescates, de deuda impagable, sube la luz, el teléfono, los transportes (bus, metro, trenes, cercanías) etc. ¿No tienen sitio ya los Derechos Humanos? ¿Dónde queda la Justicia y la Libertad? Me preocupa un país cuya juventud tiene un paro de cerca del 57%. Me preocupa que en estos momentos no se pueda aplicar la Constitución. Es mala señal que este gobierno sea incapaz de cumplir su propia legalidad, que no garantice los elementales derechos que sostiene. Me preocupa que el valor de la Democracia esté tan devaluado en nuestro país y que ese 99% de la población tenga que luchar por mantener sus elementales derechos, frente a ese 1% que tiene el poder. Se trata de no resignarse ante los recortes, de rechazar esa frivolidad política de quienes miran para otro lado. No vamos a permitir que nos recorten la esperanza. Se trata de defender constantemente los valores del civismo como por ejemplo, perseguir el bien común, la valentía por decir la verdad, la cultura de la ejemplaridad, el sentido de la profesionalidad, la cultura de la vida frente a esta cultura de muerte. Y no cansarse nunca de luchar, de debatir, de gritar, de movilizarse, de organizarse. La calle es el único espacio donde no ha metido mano el capitalismo. Nada de resignación, esa droga que adormece el espíritu, propia de aquellos que se quedan en casa, silenciosos. Fuera esa droga que frena el coraje de la esperanza rebelde y del compromiso político. Es el tiempo de la renovación ética, del impulso moral, de aquellos que, sintiéndose jóvenes sin importarles la edad, buscan incansablemente el camino de la Utopía



martes, 1 de enero de 2013

MIRAR A ESTADOS UNIDOS

MIRAR A ESTADOS UNIDOS


.
CRISIS ECONÓMICA, CRISIS RELIGIOSA


La crisis religiosa y social y sus consecuencias políticas

James Petras

Rebelión

Traducido por Silvia Arana para Rebelión

Introducción

La larga década inicial del siglo XXI ha sido un periodo marcado por una crisis económico-social profunda y cíclica, de prolongadas guerras seriales y de declinación de los estándares de vida para la vasta mayoría de estadounidenses. ¿Cómo ha reaccionado la gente ante esta crisis? No hubo un surgimiento de movimientos socio-políticos en gran escala y a largo plazo que se opusiera a las clases dominantes bipartidistas. El movimiento "Ocupar Wall Street" proporcionó una plataforma para denunciar al 1% súper rico por un momento breve pero después pasó a ser un recuerdo del pasado.

Surgieron interrogantes sobre si en esta situación difícil la gente buscaría refugio en la religión, en la espiritualidad. Este ensayo se enfocará en dilucidar si la religión ha devenido en "el opio de los pueblos" como lo planteó Marx o si las instituciones y creencias religiosas están en crisis, perdiendo su atracción espiritual por su incapacidad para resolver las necesidades materiales diarias de un ejército cada vez más grande de trabajadores empobrecidos, mal pagados,desempleados y dependientes y una clase media en descenso. En otras palabras, en esta época de crisis económica permanente, ¿las religiones principales crecen y prosperan o están en el declive y la fragmentación que caracterizan la decadencia del imperio estadounidense?

Según los datos estadísticos más recientes (2008), el cristianismo es el grupo religioso más numeroso con 173,402 millones de personas que representan el 76% de la población adulta; seguido del judaísmo con 2,680 millones que representan el 1,2% de la población adulta. A continuación vienen las religiones orientales con 1,961 millones que representan el 0.9%; los musulmanes con 1,349 millones que representan el 0.6% de adultos. Pero el segundo grupo más numeroso después de los cristianos son los adultos que dicen que no tienen "ninguna religión", que son 34,160 millones y que representan el 15%.

Población adulta y afiliación religiosa 1990-2008

(en millones y porcentajes) 

Población adulta y afiliación religiosa 1990-2008

(en millones y porcentajes)

Adultos 1990

Adultos 2008

Variación

% 1990

% 2008

Cambio en % (1990-2008)

Población adulta

175,440

228,182

30,1%

     

Cristiana

151,225

173,402

14,7%

86,2%

76%

-10,2%

Judía

3,137

2,680

-14,6%

1,8%

1,2%

-0,6%

Oriental

0,687

1,961

187,4%

0,4%

0,9%

0,5%

Musulmana

0,527

1,349

156%

0,3%

0,6%

0,3%

Sin religión

14,331

34,169

138,14%

8,2%

15%

6,8%

Las tendencias dinámicas a lo largo del tiempo muestran una disminución del porcentaje de adultos cristianos: entre 1990 y 2008 bajó del 86,2% al 76%; los judíos disminuyeron del 1,8% al 1,2% y las religiones orientales crecieron del 0,4% al 0,97% de la población. De la misma manera, el porcentaje de musulmanes creció del 0,3 al 0,6%. El porcentaje de población adulta no-religiosa se incrementó del 8,2 al 15% en el periodo.

Mientras que las personas practicantes del cristianismo y del judaísmo, como porcentaje de la población adulta, han disminuido, existe una marcada divergencia con respecto a la variación numérica; entre 1990 y 2008 la cantidad de cristianos aumentó en 2,218 millones mientras que la cantidad de judíos decreció en 457 mil personas. El judaísmo es la única de las religiones que disminuyó en términos absolutos.

La cantidad combinada de practicantes de la religión musulmana y de religiones orientales es actualmente mayor que los practicantes del judaísmo en 630.000 personas, lo que representa un 30%. La brecha entre adultos cristianos y no-religiosos ha disminuido a lo largo de los últimos 20 años: en 1990 la relación era de 86,2% a 8,2% y en 2008 es de 76% a 15%. Entre los cristianos la mayor disminución ocurrió entre las principales iglesias protestantes (Metodista, Luterana, Presbiteriana, Episcopal/Anglicana y la Iglesia Unida de Cristo) que pasaron de tener 32.8 a 29.4 millones de fieles entre 1998 y 2008; y entre los protestantes "sin identificación específica" de 17 a 5.2 millones. Por otra parte, el mayor crecimiento lo experimentaron los cristianos "sin denominación" aumentando de 194.000 a 8.3 millones de creyentes entre 1990 y 2008, los cristianos "sin identificación específica" aumentaron de 8.1 millones a 16.4 millones y los pentecostales de 5.7 millones a 7.9 millones entre 1990-2008. Los católicos y bautistas aumentaron numéricamente pero apenas mantuvieron su porcentaje entre la población adulta.

Análisis de las tendencias religiosas en el contexto político-económico

Al contrario de lo que dicen los analistas y comentaristas de los grandes medios, la crisis económica no ha generado un auge en la afiliación o en la identificación religiosa -a la búsqueda de un "consuelo espiritual" en tiempos de desesperación económica. Las principales iglesias y sinagogas no pueden atraer ni incluso retener a sus fieles porque tienen muy poco para ofrecer en términos de soluciones materiales en tiempos de escasez (vencimiento de hipotecas, bancarrotas, desempleo, pérdida de ahorros, pensiones o acciones). Al contrario, incluso las más apocalípticas -las iglesias Pentecostal, Carismática y de Cristianos Renacidos aunque incrementaron la cantidad de fieles no lograron un aumento importante del porcentaje, en los últimos 20 años: en 1990 tenían un 3.5% de adultos y en 2008 un 4.4%, un incremento de 0,9%.

La década de crisis ha tenido numerosas consecuencias de peso -debilitó gravemente la identidad religiosa de cualquier denominación específica, incrementó la incertidumbre religiosa y aumentó en gran medida la cantidad y el porcentaje de adultos estadounidenses que dejaron de profesar una religión. Entre 1998 y 2008 el porcentaje de adultos en ambas categorías se duplicó, pasando del 10.5% al 20.2%; la cifra aumentó de 18.34 millones a 46 millones. Parece ser que la mayoría de los "no religiosos" provienen del cristianismo y del judaísmo.

El aumento de los adultos no-religiosos entre 1990 y 2008 no puede relacionarse con un mayor nivel educativo, urbanización ni contacto con el pensamiento racionalista, puesto que dichos factores no cambiaron en este periodo. Los factores nuevos incluyen una mayor insatisfacción ante el deterioro del salario, el aumento de la desigualdad social, las guerras permanentes y el descrédito público de las principales instituciones políticas y económicas -el Congreso es visualizado de manera negativa por un 78% de los estadounidenses, que también tienen una opinión negativa de los bancos, especialmente de Wall Street. Las instituciones religiosas y la fe religiosa son percibidas cada vez más, al menos, como irrelevantes, cuando no como cómplices del deterioro de los estándares de vida y de trabajo. A pesar del drástico incremento de estadounidenses que se identifican como no-religiosos, un 75% todavía se considera creyente de una u otra variante del cristianismo.

La crisis del judaísmo es mucho más seria que la de las principales iglesias cristianas. En los últimos 20 años, la cantidad de adultos judíos ha decrecido en un 15%, más de 450.000 judíos dejaron de identificarse como tales. Algunas de las causas político-económicas que provocaron esa huida del judaísmo pueden ser similares a las que afectaron al cristianismo. Otras podrían ser más específicas: más del 50% de los judíos se casan con personas de otros credos y no lo hacen en una sinagoga. Otros pueden convertirse a otras religiones. Algunos rabinos y otros judíos neoconservadores se quejan de que el peligro de la "asimilación" es equivalente al "genocidio". Lo más probable es que la mayoría de los que abandonan el judaísmo se convierten en "no-religiosos" o seculares, y algunas de las razones podrían diferir. Para algunos, los textos sangrientos del Viejo Testamento y las normas talmúdicas no concuerdan con un pensamiento moderno y racional. Las consideraciones políticas podrían contribuir a la marcada disminución de personas que se identifican como judías: la conexión cada vez más estrecha y la identificación de Israel con las instituciones religiosas judías, el apoyo incondicional a los crímenes de guerra israelíes han alejado a muchos ex creyentes, que prefieren retirarse en silencio en lugar de involucrarse en una lucha espiritual con alto costo personal contra el poderoso aparato pro israelí incrustado en las redes religiosas sionistas.

Conclusión

La crisis religiosa, la disminución de los fieles, está íntimamente relacionada con la decadencia moral de las instituciones públicas de EE.UU. y el agudo deterioro de los estándares de vida. Entre los cristianos, la disminución es incremental pero constante; entre los judíos es más profundo y rápida. No hay pronósticos de un resurgimiento "religioso alternativo". Los grupos cristianos más fundamentalistas reaccionaron con un mayor activismo político, involucrándose en los movimientos extremistas como el Tea Party (Partido del Té), oponiéndose a que el gasto público ayude a disminuir la desigualdad social o uniéndose a movimientos pro Israel y antimusulmanes -precisamente cuando una cantidad creciente de ex judíos abandonan su credo.

La población adulta secular o no-religiosa aún no se ha organizado ni ha estructurado un programa en oposición a los fundamentalistas, quizás porque conforman una categoría social muy dispar -en términos socio-económicos y de intereses de clase. La definición de "no-religioso" no es gran ayuda para discernir cuál sería la alternativa. La disminución del porcentaje de creyentes podría tener varios resultados: en algunos casos podría conducir a un endurecimiento de las estructuras organizativas y doctrinarias para "mantener a los fieles en orden". En otros, ha causado una mayor politización, sobretodo hacia la extrema derecha. Entre los cristianos conlleva un énfasis en la interpretación literal de la Biblia y en una postura anti-evolución; entre los judíos, la disminución de fieles está intensificando las lealtades tribales y la recaudación intensiva de fondos, el trabajo de los lobbies y el apoyo incondicional al "Estado de Israel", sin palestinos y la caza de brujas más agresiva contra los críticos de Israel y el sionismo.

Es necesario que surja un movimiento que conecte la masa creciente de personas racionales y no-religiosas con la vasta mayoría de trabajadores estadounidenses, que sufren el deterioro de los estándares de vida y los crecientes costos (materiales y espirituales) de las guerras imperiales. Algunos individuos religiosos e incluso algunas denominaciones religiosas se acercarán a un movimiento de esas características, mientras que otros lo atacarán por sectarismo y razones políticas. Así como una moral no-religiosa conecta la crisis política e individual con la acción social, de la misma manera la comunidad política puede construir una nueva sociedad basada en necesidades seculares y en la ética pública.

 

sábado, 22 de diciembre de 2012

FE E HISTORICIDAD





LA SAGRADA FAMILIAUN SÍMBOLO





del buey y la mula.
El libro de Benedicto XVI acerca de la infancia de Jesús ha suscitado la reflexión acerca de la historicidad de aquello que según la tradición ocurrió realmente en Nazaret, en Belén con los ángeles y pastores o en la huida a Egipto. Dios se revela dentro de la historia y la fe del creyente se sitúa también dentro de la historia, por consiguiente es lógico que nos preguntemos ¿qué ocurrió realmente en Navidad?
Hace ya muchos años que sabemos que los evangelios, especialmente los de la infancia, no son un libro de historia. Son elaboración teológica y mensaje. Detrás del lirismo de aquellas escenas hay una teología pensada hasta en sus más delicados detalles. Literariamente son textos sobrios, de una sobrecogedora belleza y poesía, de una aparente simplicidad pero también de una extraordinaria profundidad. Fueron los últimos textos que Mateo y Lucas escribieron pero los pusieron al comienzo de sus evangelios como un mensaje claro de alegría y esperanza: quisieron anunciar a las primeras comunidades quién es y qué significa Jesús de Nazaret. A la comunidad judía se le dice que Jesús es el mesías esperado y que desde Abraham toda la historia de salvación estuvo encaminada hacia él. Y a la humanidad en general se nos dice que no estamos solos, Él, el Emmanuel, está en medio de nosotros, “nos ha nacido un salvador”.
Lo importante no es la historia sino el mensaje de fe. Son pocos los hechos históricos contenidos en estos relatos que la exégesis da por verdaderos: los esponsales de María y José, la descendencia davídica de Jesús, el nombre de Jesús, el nacimiento de Jesús de María, la pobreza como ambiente, Nazaret como lugar de residencia. Y sobre ellos Mateo y Lucas construyen el relato teológico con el ropaje del género literario del “midrash”, que consiste en tomar un hecho o un dicho de la escritura y elaborarlo, embellecerlo o buscar paralelismos con otros personajes al objeto de subrayar y proclamar de forma inequívoca una verdad de fe.
Aquel mensaje de fe, y de alegría y esperanza, ha trascendido los límites de la primera comunidad. Las escenas familiares de Navidad pretenden ser proclamaciones de fe acerca de Jesús Salvador nacido pobre y débil como todo niño. A través del lenguaje del mito, del símbolo y de la poesía el ser humano se sumerge en la humilde vida que nace para toda la humanidad como esperanza de liberación. Así lo entendió San Francisco de Asís cuando allá en la Porciúncula inventó el primer Belén de la historia.
Por eso sorprende que en su libro Benedicto XVI utilice una exégesis con voluntad de asegurar la historicidad de cada uno de los hechos.
Querer salvaguardar a toda costa la historicidad de cada una de las escenas de los relatos evangélicos, aparte de perderse en la complejidad o imposibilidad de la demostración de las mismas, sobre todo es situarse fuera de la atmósfera creada por Mateo y Lucas: una atmósfera en la que su preocupación no es saber si existió o no la estrella, si se aparecieron o no los ángeles, si hubo o no buey y mula, si los magos vinieron del Oriente o de Tartesos, o si la virginidad de María hay que entenderla en el sentido físico, sino en saber que Dios asume como propia la historia de la humanidad, el significado religioso del Niño.
Jaume Botey






NAVIDAD REFLEXIVA Y HUMANISTA


NAVIDAD REFLEXIVA Y HUMANISTA



Cornellá de Llobregat




A modo de felicitación de Navidad
La tan traída y llevada crisis debería ser el motivo principal para estas Navidades, pero al ser tan larga hemos ido escribiendo tanto y tantas veces sobre ella que no es fácil no repetirse. Por eso en esta ocasión voy a prescindir de ella, no sin antes hacer un par de afirmaciones que dejan claro en qué lado estoy:
El capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso, por lo que no hay otra alternativa que su eliminación. Lo que debería venir después debe ser un socialismo que no tiene por qué parecerse a lo que se ha tenido hasta ahora.
No es cierto que sea ético hacerse rico: Solo robando, ya sea la plusvalía o robando al estilo de los bancos y/o de los grandes estafadores, se puede hacer uno verdaderamente rico. El día que se teorizó que los proletarios podíamos hacernos ricos se empezó a profundizar en una senda que solo puede llevar y lleva a la corrupción.

Por todo esto este año quiero poner dos estampas, dos momentos: en el primero quiero hacer un homenaje a mis amigos y amigas de la Coordinadora contra la Marginación, con ellos he aprendido, he llegado a comprender lo que hay detrás de tantos y tantos que han padecido y padecen el problema de la adicción a las drogas, al alcohol..:
“A MODO DE SUEÑO.
ANOCHE, MIENTRAS DORMÍA, SOÑÉ….
Que estábamos en un día luminoso, como si hubiera nacido una nueva sociedad. Estábamos en Europa; los gobiernos europeos habían tomado una importantísima decisión, habían llegado a la conclusión de que los procesos de negación de cualquier cosa producían, la mayor parte de las veces, el efecto contrario. La Ley Seca, había producido probablemente más alcohólicos que el propio alcohol, además, mafia, muertes… Con las drogas había ocurrido un proceso parecido, la droga destruía a una parte importante de la juventud, se convertía en un auténtico círculo vicioso e infernal, al mismo tiempo, era el pretexto para la creación de las mafias más criminales que jamás hayan existido. Había llegado a tal extremo la degradación que calculaban que un 80 % o más de los presos tenían algún tipo de relación con las drogas.
Después de mucho buscar soluciones, alguien, como quien no quiere, apuntó la más simple, la más sencilla, la más fácil, pero la que exigía más coraje, legalicemos la droga y comencemos a tratar como enfermos que son a los drogadictos.
Todo el mundo compartía esta cuestión, pero como una intuición, no como una certeza. Además había un gran sector, con unos intereses económicos muy fuertes, que prefería la prohibición, la criminalización, porque sólo así podrían seguir acumulando enormes capitales, aunque fuera a costa de inmenso sufrimiento y de infinitas vidas humanas.
Una vez tomada la decisión de legalizar las drogas se pusieron a trabajar. Comenzaron a tratar el problema inmediato de los “enfermos de la droga”. Gran parte de ellos estaban en la cárcel: habían sido condenados por “delitos” relacionados con las drogas. En la mayor parte de los casos, eliminados los antecedentes, debían quedar en libertad. Fue un momento muy duro, pero de mucha esperanza. La sociedad civil se sumó al carro…Al principio costó convencer a los más recalcitrantes: No lo eran por maldad; el “pensamiento único” había llegado con el devenir de los últimos tiempos a constituir una especie de epidermis, de cultura, de costumbre, de hábito. El superar esa cultura de la criminalización, de la represión, de la cárcel, había supuesto una auténtica revolución. Ahora, rotos los tabúes, había que remangarse y mancharse, había tanto trabajo por hacer… Y lo más esperanzador es que había muchos y muchas dispuestos a poner el hombro.
Después soñé que dormía y me daba miedo despertar…”
El segundo también quiere ser un homenaje a mis amigos y amigas, trabajadoras y trabajadores de Recibaix Empresa de Inserción, que trabajan todo lo relacionado con la recuperación, el reciclaje, (y en ese trabajo se recuperan personas…). Estas empresas, como mis amigos, son un rayo de esperanza hacia la sostenibilidad de esta nuestra maltrecha sociedad
LA RECUPERACION. FILOSOFIA
“Dos estampas a contemplar:
1ª. Un pueblo de Castilla, o de Aragón, o de Catalunya...
Años 50 – 60. Es un pueblo pequeño de unos 50 a 100 vecinos. Superan los 500 habitantes. Viven de la agricultura, por y para el campo. Es una sociedad que vive en la simple subsistencia: comen del campo, crían los pocos animales que van a consumir. Tienen animales para las labores del campo: caballo y mulas, quizá un par de bueyes. Para arar y hacer las faenas del campo. Hay una familia con vacas y surte de leche a todo el pueblo. Cada uno va con su cazuela por la leche, o la botella de vidrio. El vino, cada familia lo tiene en dos o tres cubas y en unas cuantas garrafas de media cántara. No hay tetrabric, ni botellas, ni plásticos: el porrón o la bota que se llenan una y otra vez, hasta que se rompen. La gente del pueblo no es muy leída, así que rara vez se compra el periódico... Libros..., en la escuela se usa la enciclopedia que abarca todas las asignaturas posibles, empezando por la Historia Sagrada. El plástico realmente no se conoce, porque no se necesita, para qué... Tienen luz (con muy poca potencia) y acaban de poner el agua corriente en las casas. Hasta hace muy poco no había váteres, para qué querían la cuadra?. Los sobrantes de la comida (no se piense que era tanto) no se desperdiciaba: estaban los animales para comerlo: el cerdo, las gallinas... La ropa. La ropa no se acababa nunca: mientras se podía se usaba, cuando empezaba a fallar, se le ponían los remiendos que hicieran falta, y cuando no servía para otra cosa, se la usaba como remiendo... O sea, se reciclaba absolutamente todo.
Con la mentalidad de hoy diríamos que en este pueblo faltaba una cosa muy importante: el contenedor de basura. Pues no, ni lo hay ni lo necesitan. Y además en el campo no se ven las suciedades que hoy en día con demasiada frecuencia lo llenan todo. Todo lo que no pueden gastar las personas o los animales sirve para el abono de los campos: La basura que producen los animales, cualquier labrador, agricultor, pagés, sabe como rentabilizarla: bien amontonada, con dos vueltas para que se pudra bien, está lista para el abono de los campos. Si hubiera más, más se echaría, no sobra absolutamente nada.
No es un retrato idílico. Era una sociedad rural, de subsistencia. No era fácil aquella vida. Había muy poco dinero. No se pasaba hambre, pero había muchas deficiencias. Y había la conciencia de que la naturaleza había que cuidarla porque si no, no nos daría para esa subsistencia. Y por eso no se necesitaban ni vertederos de basura ni nada por el estilo. Y había como una comunión entre hombre y naturaleza.
2ª estampa. El mismo pueblo.

Años noventa. Muchas casas están abandonadas. Apenas hay niños. A según qué horas no se ve ninguno: se los llevan a la ciudad a clase. Tampoco se ven animales, apenas ni siquiera gallinas. Todo el trabajo lo realizan con maquinaria: tractores, cosechadoras, sembradoras... En muchas casas solo hay ancianos. No estamos añorando los viejos tiempos: pocos de nosotros resistiríamos volver a aquel tipo de vida, simplemente damos fe de una realidad: por cuestiones que no vienen a cuento, el campo se ha despoblado, muchos pueblos son como un cementerio en el que ya ni siquiera se entierra... por falta de enterrador, claro. Sin embargo, a pesar de que hay muchos menos habitantes, esta sociedad no sabe ya reciclar las basuras que produce, es más, produce una cantidad de basura inmensamente mayor que la que producían entonces, cuando la sociedad de consumo estaba en sus inicios..., por eso se ven unos cuantos contenedores estratégicamente colocados en el pueblo: una vez a la semana viene un camión especial y recoge lo que tienen estos contenedores. Al principio lo vaciaban a un par de kilómetros del pueblo, en un barranco grande que hay allá desde siempre. Cuando ya no cabía más “porquería” dejaron de arrojarla en ese lugar. Ahora la llevan al vertedero general. Dicen que aquello está ya hasta las nubes, que ya no cabe más, que hay que buscar otro lugar o que hay que volver a lo antiguo: cuando cada uno reciclaba lo suyo...
No son estampas africanas. Son estampas de cualquiera de nuestros pueblos. Y no ocurrió en siglos pasados: son cosas de estos últimos cuarenta/cincuenta años. Evidentemente la evolución en este caso ha jugado claramente en contra de la naturaleza: no hemos sabido adaptarnos a una nueva situación y en la medida que sigamos así (y parece que así seguimos) el problema creado adquirirá tales dimensiones que llegará el momento en que el problema devendrá en un problema de civilización...”

Una feliz Navidad, un 2013 no tan duro para los trabajadores y trabajadoras y mucha fuerza para que de esta crisis aprendamos alguna lección: Que nada podemos ni debemos esperar de este sistema y que por lo mismo debemos buscar y encontrar las claves para superarlo. FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO 2013 QUE COMIENCE A SERNOS PROPICIO…

Benigno Martínez

Cornella, Diciembre de 201